Transpirenaica en bbt 2014. Etapa 4.

ETAPA 4 De pasado el Coll de Torn a pasados unos kms. de Llavorsí – 103 kms.

El día anterior había resultado muy duro, pero al abrir los ojos, ver que lo oscuro no era tan oscuro y que no llovía, salté del saco muy contento, animado y deseando coger temperatura y desmontar todo para que no me “pillase” la lluvia. Recordaba la acampada de la noche anterior y me congratulaba de lo bien que había acabado la cosa para como pintaba.

Después de desayunar pan con sardinas, unto con un palito el aceite de éstas en la cadena, que si ya iba seca, ahora con la lluvia se hacía muy necesario.

Organizo todo para la salida y no encuentro mi “superponcho” de 50 gramos. Lo buso, lo rebusco y pensando recuerdo que el día anterior en la bajada lo anclé con las prisas en la cinta que ata el petate trasero. No sé qué pasó, si se volaría en pleno descenso o simplemente al llegar y acampar lo más rápido posible no me percaté del poncho y nada más aflojar la cinta voló igualmente. Comienzo el descenso con frío y tardo en entrar en calor … gracias a Dios que me traje unos guantes porque mis manos son delicadas con baja temperatura. Vuelvo a subir y me caliento, para descender el Col D’Arnat por pista muy embarrada.

Todo estaba nublado y tras el frío inicial, mi mayor temor pasa a ser el no tener chubasquero y pensar si encontraría sitio para comprarlo.

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Necesitaba comprar alimentos pero no hallaba lugar. En Noves Segre no había nada, salvo una señora que me vende productos ecológicos: unas nectarinas que eran agua de pasadas que estaban (me lo advirtió la buena señora), manzanas y unas avellanas sin tostar. La señora me da agua y parto.

El pedal había empeorado, la raja del plástico que recubre el eje del pedal ha llegado a su máximo y el pie ya lo apoyo por el centro del pedal y no en los dientes exteriores. Sin embargo, empezaba a no preocuparme demasiado, ya que , a fin de cuentas, por mucho que se rompiese el pedal al final quedaría, en todo caso, el tubo del eje metálico … y yo he estado meses pedaleando sobre ejes de metal cuando era pequeño y como pasar, no pasa nada. Así, que más que el afán por cambiar el pedal, me planteaba acallar el ruido estresante que emitía, mediante aceite, y sujetarlo algo con bridas. Hasta ahora no quería meterle aceite al pedal, por aquello de que le corresponde grasa y no aceite, que con el polvo y la lluvia duraría casi nada; pero ahora ya me daba igual, y además no quería cambiar la pieza por ganar autosuficiencia. Pero seguía preocupado por el chubasquero y las pilas, y decidí hacerme una fotografía para reflejar la circunstancia que curiosamente lo que hizo fue relajarme.

IMG10240_614x461 para mostrar perocupaciones

El chubasquero pasó a ser mi mayor preocupación de toda la jornada, junto con las pilas del gps que comienzan a agotarse. Pregunto en Sant Joan de L’erm y no tengo suerte.

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IMG10243_461x614 arbol que nace del tejado

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Bajando a LLavorsí, toca un descenso muy prolongado con una última parte muy técnica con pedruscos, e intento no perder tiempo. Por ello, a pesar de que quiero llegar en horario comercial, me paro a apretar un tornillo de la varilla que sujeta el petate trasero, porque si no al final iba a perderlo y tendría que chapucear el sistema. Termino de descender y llego al pueblo por una carretera peligrosa, debido a la velocidad de los coches. Lo primero es intentar comprar pilas en una tienda, y toca premio. Al salir le pregunto a los dependientes (muy amables) por un sitio para comprar un chubasquero y me dice … aquí. Me brillan los ojos y paso de nuevo. Entre chubasquero y poncho, me quedo con éste último, por seguridad, versatilidad y porque el chubasquero no tenía capucha. Era el típico poncho verde de ferretería y me haría el avío muy pronto. Compro en un pastelería pan de pueblo, un bollo de leche tamaño barra de pan y un bocadillo de jamón que se hallaba solitario en la vitrina (jamón, anchoas, tomate, pimiento asado y berengena) … buenisimo. Aquí decido continuar con la autosuficiencia (sin contar el nuevo pocho, jeje) y me olvido del pedal. Sigo por la carretera y encuentro un bosquecillo de álamos u olmos (no los distingo bien) con un río muy bonito. Es un sitio fácil, bonito y útil. El piso estaba todo cagado de vacas, pero blandito y cómodo. Las boñigas me servirían de colchón y dormiría muy bien. El sitio está más abajo de la carretera y apenas se oyen los vehículos. En cambio, se oye el río desde “casa” … chulísimo. Me encuentro más positivo y menos cansado que otras tardes: en realidad la noche anterior no dormí bien y no me afectó nada, al igual que el primer día de ruta en que no había dormido la noche anterior en el autobús. Y no solamente no estaba cansado, sino que el rendimiento de los días posteriores a dormir mal o no dormir eran buenos.

En realidad llegé temprano y tuve tiempo suficiente para relajarme, pasear por el río, oirlo y al anochecer montar todo, hacer la llamada diaria a Marta, cenar y disponerme tranquilamente a dormirme con las estrellas y el murmullo del río. Ni siquiera me hizo falta la mosquitera, a pesar de la temperatura buena y la cercanía del río.

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Me parecía increíble haber atravesado ese largo y nublado día sin chubasquero. Tan sólo me había caído encima unas gotas y sin embargo ahora disponía de un amplio poncho …. felicidad.

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