Transpirenaica en btt 2014. Etapa 10.

De pasado Río Veral a pasado Elizondo – 138 kms.

La noche anterior había emplazado el tarp a un agua sobre unas barandillas de madera, y tuve que variar la disposición por el repentino y arreciante viento que subía por aquel cerrado valle. En un hueco situé el poncho para dejar la casa cerrada con efectividad. Con la primera claridad abro los ojos y veo junto a mí una raja que atraviesa el poncho por su parte delantera, esto es, la más importante. Desayuno , empaqueto y compruebo el día tan bueno que se me presentaba, por lo que dejo para otro momento reparar el poncho con cinta adhesiva.

Subo el puerto Navarros por carretera y bajo hacia Isaba hasta un río por un sendero bastante bonito. Llamo a casa para ratificar el problema técnico de la noche anterior e interpreto cierta “preocupación” por mi retraso, mas al indicar que estoy llegando a Isaba mi interlocutora parece relajada. Le pido información del tiempo para mañana y que averigue cuántas plazas quedan aún del autobús que me ha de llevar a casa.

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Sigo por carretera hasta puerto Laza, bajo por pista buena a Río Salazar, subo por carretera hasta col Ollokia, bajo y vuelvo a subir por pista buena … me sigo “comiendo” los puertos y bajo por el Bosque de Iratí. Desde aquí no paro de disfrutar con la vista: paso por Casas de Iratí, Paraíso, el embalse de Irabia, todo precioso y pauso el ritmo para disfrutar más. Salgo de estos bellos territorios por pista de cemento y subo a Coll de Orión y de ahí por pista a la fábrica de Orbaitzeta.

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Con diferencia, es el día que más voy notando el avance, no ceso de subir puertos y me cunde de lo lindo. Tras Orbaitzeta, me refresco al mojar la camiseta, como algo y empiezo a ascender otra vez. Con el ánimo por las nubes y muy bien de fuerzas, llego a Roncesvalles, donde encuentro numerosos peregrinos – y creo que pocos transpirenaicos -. Mi ropa estaba muy manchada y el resto de personas todas muy limpias se hallaban sentadas en los restaurantes, o junto s sus impolutas bicicletas y sus maillotes inmaculados … vaya, que me sentía raro. Hablo un ratito con un italiano que hacía el Camino, cojo agua en la fuente y doy un paseo con la bici para ver todo. Para concluir, intento comprar queso, pero queda media hora para el horario de venta y no quiero perder tiempo, por lo que salgo sin comida.

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El puerto Ibañeta no fue difícil – como me indicó el italiano -, y a continuación tomo carretera mala con una elevada pendiente hacia Coll Lindux. Bajo por un tramo adentrado en Francia, entre bosques de hayas que enamoran, aunque la carretera estaba muy rota y con abundantes chinos, y esto me indicaba que la vista hay que separarla del piso lo justo … no fuerse a darme un “trompazo” como el del primer día.

2014-08-27 16-19-16 - IMG10373_614x461Aquí dando cuenta de un paquete de galletas.

Al final de la bajada, cerca Nives Aldudes me detiene una chica diciéndome en francés que no circule, ya que dos de gruas estaban sacando unos troncos del río que, al parecer, habían sido arrastrados por la corriente en días pasados. Tras la labor, avanzo y me cruzo con una de las grúas… la misma que minutos después me adelantaría con una velocidad inusitada para ese tipo de vehículos. Llego a esta aldea y directamente comienzo a dar cuenta de las primeras rampas del Col Elorrieta, de pendientes impresionantes. Culmino la subida y bajo con frío, piedras en el camino y diversión con mi montura – ligera y ágil por el estricto peso que soporta -, aunque las manos empiezan a comprender el esfuerzo de tantas bajadas sin suspensión.

Llego a Erratzu, pregunto por una fuente, me indican y no hay donde comprar. Entro en uno de los dos bares que encontré – no sabía muy bien si para preguntar o para que me hiciesen algún bocadillo o algo – y me encuentro que el bar está totalmente a oscuras y hallo a una señora mayor sentada y viendo la tele. Mientras se levanta veo que, detrás de la barra, la pared era en realidad una tienda y empiezo a descubrir los artículos mientras los ojos se me acostumbraban a la oscuridad. Compro las provisiones, y la buena señora tenía hasta las pilas alcalinas de la misma marca que yo quería y al precio más barato que las he visto nunca.

Pues nada, me tomo mis cinco plátanos y sigo hacia adelante hasta que al pasar un pueblecito me paro en una zona de estas que tienen mesas para comer. Ingiero más comida, continúo rodando y llego a Elitzondo, con bastante más aire de ciudad. Cojo agua y rápidamente me dirijo al siguiente puerto para subir hasta donde pudiese, por lo avanzado de la tarde. Este puerto no iba a ser de menos pendiente que el resto de los vascos, por lo que, con respiración algo entrecortada, paro junto a un chalé con una pinta impresionante – sobre todo por el jardín y las vistas – y en un recodo del carril de entrada al mismo encuentro un sitio perfecto. Parece no haber nadie en la casa y no me pueden ver desde la carretera, lo que era un logro, porque esa montaña era casi como una urbanización. Con todo desplegado, llega un todo terreno a la entrada de la finca y aparece un señor mayor dispuesto a abrir la cancela. Aunque él me ignora, me acerco y le informo que pensaba dormir allí, preguntándole que si le suponía algún problema. Me respondió rápido ,sin dudarlo y de forma categórica, en absoluto. Le repregunto a continuación … queda entonces usted tranquilo ¿no?, respondiéndome totalmente (también de una manera rotunda). Le doy las gracias y continúo con mi labor … más tarde este señor saldría para no volver.

Ceno, me organizo en cinco minutos y llamo como cada noche. Mi consorte me informa que el tiempo no estará mal salvo quizá cierto riesgo a la tarde y que el bus que pretendo coger al día siguiente aún tiene 9 plazas disponibles. Me quedo muy tranquilo, porque el día siguiente sería el último, sin lluvia y con tiempo suficiente para llegar, comprar el billete en Irún, desplazarme a Hondarribia y comprar comida, una llave fija del 15 y film transparente para embalar la bici.

Como no llovería – y el cielo eso me decía – , directamente plegué el tarp por la mitad y yo sería el chorizo. La buena temperatura y un cielo muy estrellado provocaban mi resistencia a dormirme, pero en la noche comienza a molestar un cencerro que ya oí antes de acostarme y ahora estaba muy cerca de mí. Me levanto, y hay un par de caballos que intenté echar sin salirme de la cama. No lo conseguí del todo, porque no apetecía levantarse, pero me aseguré de mantenerlos suficientemente alejados, ya que yo estaba en el suelo con el tarp echado por encima y podrían haberme pisado. Más tarde se metieron en el carril tres coches derrapando y haciendo las típicas tonterías que hacen algunos jóvenes. A pesar de estar tumbado en el suelo no corría mucho peligro, ya que la explanada era grande y yo estaba situado en un recodo. Lo que si hice fue no moverme para no quedar apercibido, y fue cuestión de unos segundos que se aburrieran de levantar polvo. Volvió la tranquilidad y debí de caer dormido al instante.

Día largo y provechoso de 138 kilómetros, 3000 metros de desnivel acumulado de subida (ó 3900, según otra web de análisis de track) y 13 horas pedaleando. Acabé sin gran fatiga a pesar de todo … sin duda porque muchos de los puertos de esta jornada transcurrirían por asfalto y porque mantenía en todo momento una gran euforia mental creciente por el avance.

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