Transpirenaica en btt 2014. Etapa 11 y última.

De pasado Elizondo a Hondarribia – 66,2 kms.

No me ha pisado ningún caballo y me levanto con muchos ánimos. Estiro el cuerpo y miro a mi alrededor con satisfacción.

El día está nublado, sin que de momento sea amenazante, por lo que, siendo el último día, no me importa que el poncho esté roto, ni pienso repararlo … qué más da si me mojo si por la noche no pasaré frío.

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Se agradece, como siempre, subir un puerto con la fresca, y aunque empinado – como todas las subidas vascas -, el Col de Antxuela se hace muy llevadero, no tanto la bajada que tuve que rodar con mucho ojo.

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En estos puertos no paro de percibir un olor muy desagradable hasta que concluyo que se trata de una planta con hojas alargadas de color verde claro … siempre que olía mal ahí estaban saludándome las muy puercas.

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Compro en Etxalar y hala, a subir el siguiente puertaco. Subo Lizarreta, bajo otros dos igual de duros – por empinados – y el descenso hacia Venta Yahar sería un poco lastimoso … la última sufrida.

En el siguiente y último puerto de la ruta doy el resto y “me lo trago” de una tirada a pesar de su elevada pendiente y de haberme quedado sin agua. Llaneo, unas rampas finales y bajada betetera y divertida en la que de repente paro, miro al horizonte y vislumbro entre dos montañas lo que podía ser el mar. No estaba totalmente seguro porque simplemente resaltaba ese celeste claro que suele verse sobre las montañas o sobre el mar cuando la vista no alcanza más allá en el horizonte. Sin embargo, me cosquillea el estómago, porque ver celeste entre dos montañas cuando estoy bastante más alto me indica que ese lugar orientado al noroeste oculta un azul continuo y plano, con desniveles en forma de crestas provocados por un satélite. Sigo y al rato paro en una curva para contemplar, ahora sí, el relieve de una bahía y el azul del mar.

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En ese momento me parecía imposible que hubiera atravesado la cordillera, mientras no paraba de observar en todas direcciones. Inicio entonces una agradable despedida de la montaña que culmina de forma apaciguada a través de un bello bosque que desemboca en una carretera francesa. Cruzo el Bidasoa y  en un parque acallo la sed – hacía horas que no bebía … me desentendí de este asunto – y continúo para buscar un sitio donde cambiarme de malla.

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En una larga recta de un paseo para peatones y bicis, apoyo la bicicleta en un banco y como hay gente en derredor decido comer – ahora que disponía de agua – . Apuro chocolate y pan que me quedaba, miro hacia todos los lados y en un santiamén me cambio la malla, rápidamente y sin escandalizar a nadie. Noto la liviandad y suavidad de una prenda limpia que ahora tenía  puesta por primera vez – traída sólo para emergencias y el viaje de autobús -, y me hacía estar mucho más cómodo que con la de batalla, que ya ni siquiera lavé.

La predicción falló completamente, pues casi todo el día hizo nublado y con momentos de duda sobre si reparar el poncho … finalmente no lo reparo y sólo llueve justo al tomar el bus para Málaga.

Sobre las cuatro de la tarde llego a Hondarribia, hago la foto de rigor y me dirijo a la playa para bañarme, y lavarme yo y la ropa puesta. Una vez que el cuerpo se acostumbró a la temperatura, pasé un rato agradable moviéndome libremente y sacudiéndome con las manos la cabeza y el resto del cuerpo. Previamente había metido la riñonera dentro del petate trasero de mi bici candada en ella misma a escasos cinco metros de dónde me bañaba, en prevención de una desagradable sorpresa que me dejase sin nada. Enjuago mis pies, brazos y cara en el grifo de la playa y me voy a Irún para adquirir el billete de vuelta.

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La botella que compré para suplir la anterior pierde agua, la tiro y, como dispongo de toda la tarde, tras comprar el billete me dirijo al centro de la ciudad para recorrerla, comer y comprar la llave del 15 – para desmontar pedales – y film transparente para embalar la bici.

Hacía algo de frío – o yo lo tenía ya dentro por ponerme la camiseta mojada para secarla a pesar de estar muy nublado -, por lo que entre meterme en un bar a pasar el tiempo o rodar para calentarme, decido esto último y me recorro la ciudad “de cabo a rabo”: la avenida principal, las aledañas, las plazas concurridas, los barrios selectos y los humildes … hasta que ya casi oscureciendo me dirijo a la estación de autobuses ante el temor de inminente lluvia. Embalo la bici y me dispongo a esperar un tiempo con la compañía de una familia y un señor algo más joven que yo con una gran “torrija”, que aprovechaba un enchufe de la estación para cargar el móvil mientras intentaba que alguien descolgase el teléfono cuando él llamaba.

A DÍA DE HOY

Peso: ya en casa he devuelto los dos kilos a mi cuerpo y he comprobado como sin hacer ejercicio he recuperado el músculo y no la grasa … curioso.

Heridas: sanaron perfectamente.

– De vuelta en el autobús tenía el pie derecho hinchado, creo que por una herida del nudillo del pie provocada cuando iba sin calcetines, con el pie mojado y con una piedrecita que estaba sobre el nudillo y yo no quitaba – ¡cómo no! … por no perder tiempo -. En casa me duró unos días la inflamación.

– En las corvas tenía unos hematomas alargados sobre los tendones … desaparecieron en pocos días.

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– En el trasero tenía otros dos hematomas justo donde apoyan los isquiones. Imagino que esto le pasará a muchos aguerridos rodadores, aunque nunca lo han llegado a saber – salvo grandes contorsionistas -.

– Dolor en el pecho (un desgarro muscular o algo así): casi ha remitido.

– Espinilla y otras: curadas.

Herida ya cicatrizada (en casa). Aunque parezca una operación fue un rasguño sin importancia.

Bicicleta: aguantó muy bien con sus limitaciones más las que yo le impuse.

Estado final del pedal
Estado final del pedal

Equipaje: en general lo que he llevado ha estado muy compensado – tal como estaba planteada la ruta -, con la única excepción del tarp. Hubiera sido mejor incluir uno de 3×3 en vez de 3×2, y sobre todo haber llevado un suelo tipo bañera, es decir, con los bordes levantados para que el agua que pudiera entrar no penetrase por encima del suelo, que habría pesado sólo unos 100 gramos más … esto no me pasará más en rutas de este tipo.

Estado físico: he estado varios días hecho polvo, sin ganas de hacer deporte en dos semanas y al comenzar a hacerlo me noto flojo, sin fuerzas y rindiendo poco … no sé si por el exceso de la ruta o por no haber continuado posteriormente con el ejercicio.

Estado mental: me siento más seguro que antes (no sólo para la aventura).

3 Comentarios

  1. Querido cuñado,
    Ha sido una historia por etapas alucinante. Sólo puedo darte la enhorabuena por haberlo conseguido. Sé que era un sueño para ti y los has logrado.
    Por otro lado, sobre lo que dices de que mentalmente te sientes más seguro en más aspectos que el aventurero, me alegro mucho. Supongo que conseguir un reto así, te hace recapacitar, cambiar tu visión de las cosas y ser mejor persona, que ya lo eras y lo serás siempre, pero supongo que se entiende lo que quiero decir.
    Este sueño alcanzado y conseguido sé que ha sido a base de sacrificio, tesón e ilusión. También sé que has tenido que dejar aquí a tu familia e imagino que habrá sido duro. Aunque también supongo que estos días fuera te han hecho echarlos más de menos si cabe y darte cuenta de la maravillosa familia que tienes (esposa, hijos, padres, hermanos, familia política…y yo). También te digo que en momentos puntuales lo hemos pasado mal. Cuando veíamos las lluvias en el mapa del tiempo, cuando no llamaste aquella noche, cuando Marta y yo mirando los planos vimos aquella montaña en mitad del camino que parecía insalvable….
    Pero al final has vuelto que es lo importante y con un espíritu renovado, a pesar de todas las penurias y heridas del trayecto.
    Sólo reiterarte mi enhorabuena y mandarte muchos besos.

    • Muchas gracias, si que es verdad que vengo con espíritu renovado y aprecio más ciertas cosas. No sabía que lo habíais pasado mal esas ocasiones, pero bueno, hasta el año que viene no habrá más preocupaciones, y ya no serán tantos días ni, seguramente, tan movidita la aventura.
      Sí que se echa de menos, sobre todo antes de dormir.
      Un beso para tí.

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