Transpirenaica en btt 2014. Etapa 5.

De pasados unos kms. de Llavorsí a cerca de Sas – 90,7 kms.

Me despierto antes de clarear, cuando el cielo comienza a dejar de ser totalmente oscuro y las estrellas comienzan a esconderse. Se está muy bien en el saco, sin haber llovido, sin condensación y con cierto frío, que contrasta con el calor de anoche, la única vez que dormí desnudo, sin el saco-sábana y al principio con la cabeza y brazos fuera … finalmente y con cierto calor metí todo y cerré el saco por posibles mosquitos (que en principio no había) u otros bichejos pinchadores.

Me levanto, miro hacia todos los sitios y encuentro lo que quiero (nada). Voy al río y me aseo, lavo la ropa y, como no llevo ni detergente ni gel ni nada (tan sólo desodorante), me lío a golpes contra una piedra para comprobar eso de apalear la colada. No sé si por mi primeriza y mediocre actuación o porque el barro y algo de grasa y fruta han de quitarse en su debido tiempo, pero la cuestión es que poca mejoría logré. Sólo conseguí algo frotanto – y eso que decían en la tele que el frotar se va a acabar – . El barro de la espalda tampoco salía, y a partir de ese día cada vez que entraba en cualquier sitio me daba reparo (en alguna ocasión me peinaba y me ponía el polar encima … tímido que es uno).

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Saco unas fotos y me lanzo con alegría a la gran subida a La Portella. Al principio voy con el polar y en cuanto me acaloro más de la cuenta y justo antes de sudar me coloco la camiseta mojada … ella me refrescaría y yo la secaría.

Esta camiseta era la única que llevaba (como ya expuse, por peso, por no tener que llevar crema solar y en general por simplicidad). Es una vieja camiseta de correr de manga corta a la que le añadí unas mangas recortadas de otra de tirantes más deteriorada aún … yo facilité los cortes y Marta la costura. Quedó bien: abriga algo, no da calor, es ligera y me protege bastante del sol. Aún no han salido los manchurrones (como se dice por aquí) y preveo una lavada con lejía, pues aunque está un poco deteriorada la quiero conservar, seguramente para otra ruta.

Como decía (a veces me voy del tema, jeje), alegría subiendo por carretera a La Portella, paso Arestui, que me gustó mucho. La carretera es suave y voy tranquilo y avanzando bastante bien, aunque el día se ha nublado y existe peligro de lluvia. Marcho con la confianza de llevar pilas y poseer un generoso poncho.

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Se acaba la carretera y, al transitar por una zona dura de la pista y coincidiendo con un pasajero bajón de fuerzas, escucho un ruido repentino que me asusta porque pensé que tenía un animal detrás. No lo era, sino que me estaba alcanzando Ceci (Cecilio), un chico de Vitoria que hacía la Transpirenaica completa con un compañero que tuvo que abandonar por enfermedad. Me acompañaría un buen tramo del día de hoy.

Empezamos a hablar, y a pesar de la dureza mi respiración no se entrecortaba por lo que seguramente la pendiente bajó. Es muy agradable y hablamos de todo (me sorprendí hablando hasta de la burbuja inmobiliaria allí arriba) y de rutas. Me habló de la Transcantabrica, que ya había ojeado pero que ahora estoy planteando como posible futura ruta, porque es más corta que la Transpi – y más dura, según me comentó -.

Comienza a llover de forma discontinua (qué justa me ha venido la compra del poncho que, por cierto, me cubre hasta más abajo de las rodillas). Comenzamos un vaivén de subidas y bajadas por encima los 2000 metros sin poder ver nada y yo no paraba de quejarme de mi mala suerte con el tiempo … ya me planteaba si quizá no viera nada hasta el final.

Con la lluvia comenzamos a ver ríos de colores sobre la pista, muy visibles y por todas partes … y yo que pensaba que estábamos en la montaña … parece que unos todoterrenos circulando esporádicamente también generan esta basura.

Comemos algo en la cima y, en el llaneo, al pasar por unos charcos grandes, piso algo, se me descontrola un poco la bici y me hago daño en la cintura. No sé si el dolor que aún tengo en el pecho (un desgarre muscular o algo así) proviene de esta sacudida que recibí o de la caída del primer día cuando puse las manos al caer, o quizá de ambas

Tras poner y quitar poncho en varias ocasiones, comienza la lluvia de verdad. La bajada será dura durante casi todo el descenso: mucha lluvia continua, niebla, piedras, agua cruzando la pista, no veo bien por las gafas y, para colmo, las zapatas de los frenos están casi gastadas a mitad del descenso (las manetas casi me tocaban el puño y tuve que regularlas). A esto que el compañero se adelantó porque yo iba a ir con mucha precaución.

No sé si a las vacas no les importa la lluvia o es que tienen una alta dosis de resignación pero allí nos encontramos a los rumiantes, cruzados en la pista todo el rebaño en diagonal y dispuestas en la misma dirección tan tranquilas, como si estuvieran viendo una peli. Ceci se decidió y comenzamos a movilizar aquel tapón cárnico hasta poder pasar junto a sus culos (mejor que junto a sus cuernos).

Llegamos a la carretera, junto a Espui, donde pensaba avituallarme, pero al parecer allí no había nada, conforme a la información que llevaba Ceci, quien, por cierto, llevaba los mapas y rutómetros de la guía de Laparra, que encontró tras moverse un poco (yo no lo conseguí). La información que llevaba en su portamapas es la que utilizamos, y me vino muy bien, ya que era bastante fiable y rápido. Por contra, con la lluvia, yo hubiera tenido que ir sacando el gps de debajo del poncho cada cierto tiempo, con la incomodidad y cierto peligro de mojar el aparato, no obstante su relativa estanqueidad.

Como no tenía comida, me acompaña hasta el desvío del camping de Torre Capdella, para comprar o comer algo y, como él se quedaba en el albergue, aquí nos despedimos, con un no terminar de desearnos lo mejor que revelaba esa simpatía mutua (o al menos me lo pareció). Ha sido una compañía muy agradable y ciertamente me ha ayudado mucho ir con él en el “diluvio”.

Entro en el camping, en el que sólo hay bar, por lo que me pido un bocata de atún y un café sólo. Tenía frío metido en el cuerpo y, sin decir nada a la señora, me cierra la puerta y me indica el lugar más calentito … debía de llevar una carita de frío de las buenas (me dijo Cecilio que estuvimos entre los 9 y 11 grados y la bajada la hice sólo con camiseta y poncho, ya que no quería mojar el polar).

Entre el frío, el cansancio y la presión por continuar para no perder tiempo, no caí en la gran oportunidad que tuve para cargar el móvil mientra devoraba aquél tostadón de atún (creo que era bonito). En los días siguientes me arrepentiría mucho porque anduve con muchas limitaciones por la batería baja.

Asoma un poco el sol y aún hace frío, termino de comer y salgo hacia la siguiente subida. Paro en un mirador y veo la montaña de la que habíamos bajado ya a lo lejos y me parecía increíble lo que se puede avanzar con una bicicleta. Como le comentaba a Ceci, sabía que no llegaría a Pont de Suert, mi objetivo de hoy, por lo que no cejo en el cometido y continúo sin descansar (de no ser por lo que contaré más tarde, casi hubiera llegado a Pont de Suert, o sin casi). Dejo buen firme e inicio sendero de subida que en estos momentos es un arroyo de piedras grandes por el que discurría mucha agua de la reciente lluvia. Amenaza más lluvia y el esfuerzo de empujar es grande porque el sendero se transforma en una torrentera muy pendiente y prolongada hasta el collado. Al bajar me encuentro el mismo tipo de sendero, por lo que otra bajada con pie a tierra (barro), que era lo que menos deseaba en ese momento.

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Abajo, junto a una casa se dispone a cruzar la pista una señora con un plato de comida en la mano (yo diría que unos macarrones con tomate) y, mirando ella hacia otro sitio, la saludo y la buena señora se lleva un susto de los grandes (no llegó a caer el plato al suelo), y me disculpé varias veces mientras ella no paraba de reirse.

Por carretera llego a Sentis, llueve a lo bestia y ante la duda del recorrido a seguir, compruebo en el gps que por donde rodaba no había pasado antes. Iba tranquilo porque junto al track no se veía el camino que yo estaba grabando, por lo que se supone que no había pasado por allí. Llovía a mares y no comprobé mas (no quería mojar mucho el gps) y empecé a bajar. El agua era tanta que casi no se veía, pero no podía detenerme porque no encontraba refugio. Necesitaba parar, porque la carretera seguía bajando y el perfil que tenía en el manillar me decía que hiciera lo contrario, y sin embargo continúo un poco más para encontrar refugio y comprobar, pero nada, no había nada, y como de todas formas me estaba mojando ¿para qué parar? Al problema de la lluvia y la poca claridad se sumaba que los frenos ya no iban nada (estaban gastados de la anterior bajada con lluvia y barro, y además estaba lloviendo muy fuerte) y me vi obligado a ir frenando con el tacón de la zapatilla en el suelo, y así continué un rato – a veces con peligro de salirme de la carretera – hasta que por fin llego a una casa con techado y no lo dudo. Sitúo la bici, me doy media vuelta dispuesto a descansar, me sacudo y de repente no podía creerlo … estaba en la casa de la señora de los macarrones … había retrocedido unos 250 metros de desnivel que ya había subido.

Para no cabrearme por el drama, cojo la bici y sin pensarlo vuelvo a subir esos metros de desnivel que tanto costaron y que ahora me retrasarían mucho. Sólo pensaba en cómo podía haber sido tan tonto y en encontrar el camino correcto. Todavía aún no estoy seguro, pero quizá ocurrió lo siguiente: el gps graba el track cuando se le dice, pero si el recorrido es bastante largo (no sé cuántos puntos), lo que hace es guardar parcialmente el camino; y al hacer esto, quizá no se vea ya en la pantalla el camino guardado parcialmente.

Finalmente y tras encontrar el camino correcto, paso a pista ya sin lluvia, pero aún tenía otra cosa en la cabeza: no llevaba apenas comida ni agua. Una de las botellas de agua perdía y la tiré, y la otra iba casi vacía.

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Apuro la marcha y no encuentro destino apto ni discreto para acampar. Llego a un collado pero hay muchos caballos y haría un viento de mucho cuidado que con lluvia sería horrible. Comienzo a bajar-llanear y nada, sólo la pista y pendientes a los lados. Ya a oscuras cojo agua y le meto una pastilla; sigo bajando y desesperado paro junto a la pista. Desistí de buscar algo mejor, ya que además de ser de noche se escuchaban cada vez más fuerte sonidos de tormenta. Subí la bici al sitio en cuestión y busqué la mejor forma de poner el tarp. Termino de montar a las 10:40 de la noche, disponiendo tres lados en suelo en prevención de tormenta y amarro la zona abierta (cerrada con el poncho) a la bici, pues no pude amarrarla a árboles ni plantas. Tardo mucho en toda la operación y estuve asistido del móvil para ver algo, con lo que gasté mucha batería. Bueno, lo había conseguido y empecé a dormir, pero llegó la gran tormenta del viaje. Había estado lloviendo después de meterme y todo iba bien, aunque con temor de la inclinación del terreno. Y todo fue bien hasta la una de la madrugada, en que empezó a llover de verdad durante un par de horas. Ya en ese momento estaba justito de frío; estaba a 1500 metros, con mucha humedad y ya sabía que iba a pasar algo de frío, pero lo que no sabía aún eran las dos horas de lluvia tan fuerte que iba a recibir. No tardó ni media hora en entrar agua por debajo debido a la inclinación del terreno. Intenté por todos los medios disponer el plástico de suelo de forma que no siguiera entrando agua, pero fue misión imposible, seguía entrando y había mojado la parte baja del saco, la zona de las piernas. Ahora intentaba que no ocurriera lo mismo por la parte del torso y en principio la cosa no salió mal, pero podía ser cuestión de tiempo. Termina de caer fuerte y de sonar truenos, pero no para de llover en toda la noche. Estoy en una posición desde hace mucho tiempo (diría que horas) y necesito moverme porque me duele todo de la postura, pero no lo he hecho hasta ese momento por temor a mojar más el saco. Finalmente me rindo, cambio de costado y efectivamente mojo el saco por otros sitios debido al suelo mojado y a la condensación del tarp. De cintura para abajo estoy empapado y aún conservo muchos trozos de la parte de arriba más o menos secas. Me levanté el polar hasta la cintura para que no se mojase, sintiendo más frío en esa zona, pero resguardando seco el polar (bueno, húmedo pero con capacidad de calentar).

En resumen, toda la noche lloviendo, sin dormir nada, pasando mucho frío. Me intento mover lo más posible dentro para calentarme (sin cambiar de postura), ya que no podía salir por la lluvia … aguanto varias horas con mucho frío (sin llegar a temblar espontáneamente), deseando la claridad que finalmente llega sin lluvia. Antes de la claridad ya estaba fuera moviéndome y recogiendo todo por si llovía.

Ni que decir tiene que esta fue la peor noche.

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