Transpirenaica en btt 2014. Etapa 6.

De cerca de Sas a cerca de Campo – 88,2 kms.

Me encuentro mojado y con frío. Muy temprano y con alivio (me movía al fin) desmonto todo con la rapidez que me facilitaba la simplicidad del equipaje. Bajo con frío (o quizás es que yo ya lo llevaba dentro), para más tarde subir y mejorar térmicamente mi cuerpo.

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Bajo de nuevo por pista mala, pero la temperatura es aceptable y llego a Pont de Suert.

Nada más allí veo una tienda de deportes, pero decido no preguntar por el pedal. Compro comida, saco dinero, cojo agua y me organizo en una plaza de estilo moderno. Ya que comí poco en la pasada noche y en el desayuno (me quedé casi sin alimentos), lo primero fue tomarme de sopetón mi manojo de cinco bananas, y más tarde, mientras preparaba todo, iría comiendo más lentamente un paquete entero de galletas Napolitanas hasta llenar el depósito. Saco todo lo mojado y lo extiendo para que el sol (bendito sea) comenzase a secar. Con todo desplegado y con mi camiseta bastante manchada (que no sucia), me sentía muy observado allí en la plaza, también por la policía (no sé si eran mossos o guardia urbana) y me sentía vagabundo (no en el sentido de holgazán) y distinto a todos, como en otro mundo, pero estaba tan a gusto con ese sol tan radiante que pocas cosas podían romper el momento. Ahora caigo en la cuenta de que la botella que se me rompió no la tiré en la jornada anterior, sino que descubrí la rotura en esta plaza, donde me deshice de ella. Entre la basura del día anterior que portaba, la botella y los restos de la abundante comida que engullí, llené la papelera hasta los bordes.

Para salir, dispongo el saco sobre el manillar junto con el saco-sábana, mientras que los dos pares de calcetines, los guantes y el polar irían amarrados en el petate trasero a los mismos efectos de secarse. Las zapatillas siguen mojadas y mis pies, sin calcetines, andan algo arrugaditos y con ciertas molestias de piedrecillas.

Antes de salir observo algunos ruteros con bici y alforjas, que serían los últimos que vería en toda la Transpirenaica; cruzo el río y comienzo una subida muy empinada con tramos duros y con piedra, al igual que en la bajada. Al final del descenso el camino se suaviza y me encuentro con un 4×4 cuyo piloto (acompañado de una señora) al cruzarse conmigo se para tranquilamente, me saluda con igual serenidad, me pregunta si iba hacia Seira y al decirle que sí, asiente simplemente con la cabeza satisfecho, como diciendo “bien, hombre, está muy bien”, y sin decir nada más, sonriendo y mirándonos fíjamente a los ojos, nos despedimos con la misma “pereza”. Pasé una mañana bastante alegre con aquel simple encuentro de escasas palabras y me hizo muy feliz ese día.

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Hace calor, tengo las zapatillas secas y a lo largo del día el equipaje queda igualmente seco y lo empaqueto sin impermeabilizar para que siga transpirando y eliminar la posible humedad. También aprovecho este buen día para ir mojando la camiseta para refrescarme – en realidad a veces mojaba la camiseta y la malla, la estrujaba y escurría, me frotaba, me la ponía y la volvía a enjuagar para ponérmela, refrescando y limpiando el cuerpo a la par sin necesidad de estar pasando frío todos los días remojándome en un arroyo -.

En un tramo de carretera comienzo a notar un ruido continuo, que seguramente venía de antes y no oía por rodar por caminos sin asfalto. Atiendo algo más y compruebo que viene de la rueda delantera, concretamente del eje. Me mosqueo un poco porque seguramente son lo cojinetes, y prefiero pensar que es simplemente falta de grasa (bastante lógico después de la “manta” de agua que le cayó anoche) y no algo más grave como que algunos cojinetes estaban rotos. De cualquier forma me preocupaba porque no tenía llaves para poder acceder al interior del buje. Con el rodar, el ruido aumenta al mismo tiempo que mi mosqueo y decido que tengo que intentar abrir el buje, o si no puedo, probar a meterle aceite o grasa de alguna forma.

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Llego a Campo con la rueda sonando como un arpa y atrancándose un poco al dejarla rodar en el aire libremente. Compro sardinas, fruta y pan de molde. Cojo agua y busco sitio cerca del río, junto a un área de recreo o similar. Hay un bosquecillo y detrás hay una zona oculta con árboles y muchos juncos. Compruebo el motivo de que hubiera juncos y veo que hay un desagüe pluvial bajo la carretera. Me retiro un poco del cauce y me dispongo a montar el tarp (a dos aguas) encima de unos juncos, tranquilo por el cielo despejado, la buena temperatura, la baja altitud, la ausencia de viento y el escaso calibre del desagüe. Tengo tiempo, me relajo, como, llamo por teléfono y al llegar el momento oportuno comienzo a montar todo sobre el colchón de juncos. El emplazamiento era bueno y, aunque un perro comenzó a ladrar, al meterme en casa se acaba el festival y sólo ladraría un poco más en la mañana temprano sin que eso me preocupase.

Ha resultado un sueño muy reparador sobre un colchón blandito, “estoy nuevo” y mis bioritmos parecen recuperarse después de pasar la noche anterior en vela. Aquella mala noche anterior no ha menoscabado mi rendimento, y me asombra porque ya son varias veces las que he dormido mal y nunca afecta el rendimiento físico … me da que pensar.

Las heridas están prácticamente curadas y me despreocupo por el momento.

La jornada siguiente sería un día clave en la mecánica, y aunque no consiguiera reparar o apañar la rueda todavía tendría la oportunidad de llegar hasta Escalona, donde probablemente podría solucionarlo, a costa de “cargarme” la autosuficiencia. Estos eran mis pensamientos al acostarme y en principio la lata de sardinas era mi esperanza para no verme obligado a optar por un taller o tienda en el pueblo.

2 Comments

  1. Felicidades por el mérito que tiene hacer esta super ruta con tanta autosuficiencia y de forma tan minimalista. Después de hacer mi primera ruta (vuelta al Cadí) de forma maximalista (con BTT eléctrica y pasando noche en casas rurales con todas las comodidades) me pregunto si debería minimalizar un poco mi próxima ruta. Un primer paso sería dejar el bote de grasa en casa, y engrasar las bicis con el aceite de una lata de sardinas !

  2. Gracias. Bueno, a cada uno le gusta viajar en bici de una forma. Cuando yo empecé a rutear más de un día también dormía en hotel o camping e iba con mucho peso. Me inagino que cada cual se va decantando por una forma de viajar conforme va haciendo viajes, pero desde luego que casi todo el mundo va amoldando el peso a sus necesidades.
    Un saludo.

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