Transpirenaica en btt 2014. Etapa 7.

De Campo a pasado Nerín – 63,5 kms.

Sería un amanecer frío, pero a las siete y cuarto de la mañana estaba con la bicicleta montada. No desayuno, salgo hacia la carretera cuando compruebo que la rueda trasera está pinchada. Era una lata tenerme que quitar los guantes y reparar el pinchazo en frío y recién levantado, en vez de empezar a pedalear llaneando y subiendo para entrar en calor. Quito la cámara, compruebo con la mano el interior de la cubierta y saco un pincho de mil pares de narices.

Ya en la subida y antes de tomar pista el estómago me dice hola, por lo que me detengo, descanso, desayuno pan con sardinas y engraso cadena y pedales con el aceite de oliva del pescado. En cuanto a la rueda, la saco de la horquilla, le quito el cierre y los guardapolvos y compruebo que el lado izquierdo tiene grasa fuera (entre en buje y el guardapolvos), por lo que deduzco que esa era la zona que hacía ruido porque el agua de la tormenta habría entrado y la grasa se habría salido al rodar. Como quiera que el aceite no es lo más adecuado para engrasar los cojinetes y no tengo llaves para abrir el buje, sitúo la rueda paralela al suelo y con un palito intento ajustar el aceite justo en la ranura que hay entre la tuerca y el buje mientras giro lentamente el eje para facilitar la penetración (si es que iba a penetrar, cosa que desconocía), seco el exceso, pongo el guardapolvos, monto la rueda y sin probarla sigo adelante … alea jacta est.

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  En el taller.

Termino la subida del puerto, con bajada muy dura, y subo a La Collada donde, tras culminar y saludar a unos bikers que tomaban algo en una tranquila charla, decido parar en el primer tramo empinado y cambiar la zapata trasera, que estaba maltrecha y ya no frenaba absolutamente nada; tampoco quería matarme en la bajada ni perder tiempo por ir despacio. Pasan a mi lado estos ciclistas, me ofrecen ayuda uno por uno y les doy las gracias.

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Desciendo y paso por asfalto un tramo muy peligroso entre dos pueblos. La carretera era estrecha, no disponía de arcén, con curvas, los quitamiedos consistían en esos bloques de hormigón que se utilizan para las medianas y allí estaban esos barrancos que acongojaban … para mayor desgracia, los coches pasaban velozmente y sin dejar espacio conmigo… vaya, todos los componentes necesarios para ir cagadito. Con plato mediano (el grande mío) y piñón pequeño me esfuerzo por terminar rápido pero me cuesta bastante por el cansancio acumulado. No es lo mismo hacer muchos kilómetros lento que hacer lo mismo para, al final del día, pegar un acelerón de más de media hora.

El pedal había dejado de sonar desde que lo engrasé, y ahora en la carretera compruebo que la rueda ha “pillado” el aceite y no hace ya ningún ruido. ¡Bravo! Todo funciona de nuevo y al parecer no hay cojinetes rotos … no sé hasta cuando durará el apaño, porque si llovía era seguro que entraba agua y con más facilidad, pues el aceite marginaría la grasa (si es que quedaba). Todo esto me dio mucha seguridad.

Llego a Escalona, pregunto por una fuente y una chica me indica un sitio estupendo, con bancos y mesas, varios grifos y la sola compañía de unos chavales. Como algo, cargo agua y lavo la camiseta, que por mucho que lo intento sigue con las mismas manchas por todas partes.

Tras Escalona y ya subiendo me cruzo con un coche y justo al rebasarme alguien acerca la cara a la ventanilla y dice Manoooooolo. Mi sorpresa fue enorme, rápidamente me pregunté quién era, pero siguieron y entonces comprendí que era una de esas bromas con un nombre bastante común por si se acertaba o simplemente por hacer la gracia. Pero de cualquier forma, me dejó pensativo; no todos los días te llaman por tu nombre en el pirineo a mil kilómetros de casa.

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Paso por un desfiladero precioso y llego a Cañón de Añisclo. Circulo por una carreterilla estrecha y de un sólo sentido, en la que se disfruta bastante del paisaje estrecho, pudiendo ir desentendido del tráfico pues los coches transitaban de forma muy esporádica. La carretera sube poco a poco y el disfrute es grande hasta que tras unos diez kilómetros comienza una subida en eses hacia Nerín.

En el pueblo me dirigí al albergue para ver si me hacían un bocadillo, pues estaba muerto de hambre, pero no hay suerte. Me indica una señora que tienen poco pan, que el pan lo traen de no sé donde, que en el pueblo de al lado puede que tengan, que tampoco me pueden poner un plato de comida ni venderme nada, que los turnos de comida son más tarde …. en fin, que con mucho cabreo me voy a la fuente, cojo agua y sigo subiendo la Sierra de Cutas con algo de calor y mucha hambre. La pista está muy bien aunque se empina bastante, por lo que me doy algún descanso y meto el piñón más grande.

Como no hace mucho estaba prohibido pasar con bici y sabía que hay barreras de control de los vehículos que pasan, decido parar a las seis de la tarde, ya que al estar prohibido el dormir en mitad del parque, no quería ir subiendo muy tarde y que un guarda me mandara hacia abajo y perder todo lo que había subido. No había sitios buenos, pero el tiempo pinta bien y en un discreto hueco me siento, despliego el tarp, el chubasquero y el plástico de suelo (todo lo mojado que llevaba en el petate) para que entre el sol y el suave viento se secase, como ocurrió. Tengo tiempo para todo, muy relajado, disfrutando del paisaje que tenía frente a mí y de la tranquilidad y silencio del momento. Tomo un pequeño bocado para dejar algo de comida para el desayuno y me echo en el suelo cubriéndome con el tarp. Bajaban autobuses , y pensé que quizá llevan la gente hasta cierta altura para dejarlos y que fuesen andando a Góriz o a los miradores y luego hacían un servicio de recogida por la tarde. Una vez tendido no hacía frío a pesar de la altura y de un poco de viento. No obstante el tiempo del que disponía, el sitio no era muy bueno y hay muchos pinchos, pero duermo muy bien, con estrellas por todos los sitios.

Etapa más corta de la ruta que me sirve para reponer fuerzas, aunque sin apenas comida.

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