Transpirenaica en btt. Etapa 3.

De un punto entre Ribes de Freser a Planoles, a pasado el Coll de Torn – 89 kms.

Por la mañana, remoloneo un poco en el saco, pero no todo lo que quiero porque ha dejado de llover y es momento de recoger todo con más comodidad. Compruebo el material y todo está seco. Estrujo el suelo de plástico fino y sacudo bien el tarp, meto todo en la bolsa estanca y así quedará mojado hasta la siguiente noche; y el saco, el saco-sábana y el trozo la mosquitera los introduzco como siempre en el petate delantero, de momento sin impermeabilizar para que se seque la humedad producida por el propio calor del cuerpo y la condensación del tarp, tarea difícil porque el día seguía amenazando con descargar. Fue la única noche que necesité la mosquitera. A las siete de la mañana tenía todo recogido y me dispuse a dar buena cuenta mi bufé exprés.

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Sobre las ocho de la mañana empieza a llover fuerte llegando a Planones. Gracias a Dios que estaba llegando al pueblo, y así me refugio en un techado que cubría unos contenedores de basura. Allí paso en pie un buen rato hasta que sin parar de llover decido llegar al pueblo. Esta decisión me costó un poco, porque no dejaba de llover y la verdad es que no estaba totalmente seguro de que fuera el inicio de pueblo. Estuve a punto de acercarme a un camping que estaba indicado, pero finalmente me aventuro y sigo bajando como un kilómetro hasta el pueblo y tras un par de vueltas me refugio en el alero de la iglesia. Allí pasaría otro rato, pero finalmente decido seguir por el agobio de la pérdida de tiempo. Más tarde me daría cuenta de que realmente no había perdido tiempo por la lluvia, porque ese día estaba muy cansado después de las dos jornadas anteriores de pedaleo. De no haber llovido, creo que hubiese tenido que parar a descansar mis piernas que estaban resentidas con el maltrato que estaban recibiendo.

Ante la gran cortina de agua me veo obligado a parar en la estación de Toses. A partir de aquí se relaja un poco el día y da comienzo un quita y pon interminable de chubasquero.

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De esta forma y con frío subo a La Molina. Llueve fuerte y me refugio en el vuelo de tejado de una casa (no sé si era una refugio, albergue, restaurante o qué) donde compartí un rato con una familia. Saqué mis provisiones y hubo contagio. Aunque de pie, no se estuvo mal: comiendo, con compañía, lloviendo a mansalva y con vistas preciosas que no saldrán en las fotos.

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Rápidamente comienzo la bajada por una pista azul superempinada … no quiero imaginarme cómo serían las pistas negras. Además de la pendiente brutal, estaba formada por piedrotas enormes que débilmente intentaba sortear hasta que me rendí en algunos tramos y me bajé de la bici en prevención de una “josconcia de muy señor mío”. Compruebo el track del gps y, fíjate por dónde, que estoy fuera del trazado. Parece que me he desviado y miro hacia arriba para hacerme a la idea del camino a desandar. Me abrumo, compruebo otra vez la máquina y miro a mi alrededor. No lo entendía, la pista era como una vertiente entre dos laderas, por lo que no se me antojaba posible otro camino. No obstante subo un tramo, paro, observo otra vez todo y compruebo nuevamente que la ruta no podía existir por donde marca el gps. Se había vuelto loco y al final, tras unos diez minutos volvió a la cordura (este día y el siguiente pasaría alguna vez más, no sé si intervendría la climatología y las tormentas que no estaban demasiado lejos).

Inicio de la bajada de La Molina (antes de los pedruscos)
Inicio de la bajada de La Molina (antes de los pedruscos)

Llego a Masella y a la salida repongo sólidos frente al primer muro que me esperaba. Había salido el sol y quería aprovecharlo. Mientras comía extendí la “ropa de cama” y los calcetines mojados. Inicio la pendiente con todo el desarrollo metido y aún así toca sufrir, aunque me ayuda el que me alcanzase el primer integrante de un grupo que hacía la ruta. Ese madrileño subía muy bien y me sirvió de referencia para no percatarme tanto de lo que estábamos subiendo. Varias veces echo pie a tierra por lo exagerada de la pendiente, el mal firme, la falta de tacos suficientes y sobre todo porque comprendía que andando marcaría casi la misma velocidad con descanso de mis maltrechas extremidades rodadoras. Paramos el madrileño y yo en una zona de llaneos anterior a la cumbre a esperar al resto del grupo (madrileños y algún catalán), pero yo continuo con la prisa ya metida en el cuerpo. A partir de este lugar y al seguir subiendo todo cambia de repente. se “mete” la niebla y no se ve nada. El camino se desvía por un sendero en el que había que tener ojo, ya que estaba todo muy resbaladizo.

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Llego a Baga, y merodeo por el pueblo esperando la hora del té para comprar en el supermercado del pueblo. Me dispongo a comprar y llega el grupo que aunque pretenden comprar en la tienda se van al bar a por un bocata. hablamos un rato, pero salgo pronto, y quedamos en que igual nos veíamos más adelante, aunque yo pensaba que iba a ser difícil … aunque me decían que tenían idea de llegar a Tuxent a mí me parecía imposible que llegasen por la hora, porque se iban a entretener en el bar y porque eran un grupo. De cualquier forma llevaban tienda por si acaso.

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Subo a todo gas hacia Col Torn y el tiempo sigue jugando conmigo y no para de intimidarme. Subo con mucha nube y niebla espesa en la cumbre. En este momento ya se me ha hecho tarde, son casi las nueve y la claridad se va. Desciendo rápido unos kilómetros y al comprobar el gps me doy cuenta de que he “metido la pata” hasta el fondo. Con el miedo a la tormenta, al frío y al viento que hacía, me pasé varios kms al bajar. Retroceder esos kilómetros fue horroroso, no sólo por el esfuerzo a esa hora del día y tras ascender 1.100 metros, sino sobre todo mentalmente, ya que si ya iba mal de tiempo a las nueve, ahora eran las nueve y media, oscureciendo y aún no había ascendido todos los metros que bajé por error. Ya en el llano de la cumbre al fin descubro el sendero que iniciaba un descenso por una vaguada sin refugio y, como es lógico, con viento. El quita y pon de chubasquero continuó en la subida y ya en este sendero me lo quito y lo engancho en la cinta del petate trasero (error). Aún podía ver pero me tuve que bajar de la bicicleta por temor a la caida. Era un sendero estrecho, con canales producidos por el agua, piedras y pendiente por uno de los lados, así que no me lo pensé y pie a tierra, pero trotando para avanzar, ya que si no encontraba un lugar pronto lo iba a pasar realmente mal. Bajo la vaguada y no había árboles, todo era muy inclinado y algún sitio que encontraba era peligroso por su ubicación cercana al lugar por donde correrían las aguas si lloviera. Bueno, creo que tuve suerte y encontré un sitio que a pesar de todo era bueno … alejado de los posibles torrentes y rodeado de arbustos espesos.

Raudamente me puse manos a la obra, monté el tarp para tormenta, comí rápido y me metí para entrar en calor lo antes posible. Lo conseguí a pesar del viento y al poco empezó la lluvia. El saco estaba seco del todo, o me lo pareció, o al menos se secó cuando me metí en él, pero no noté nada … la verdad es que la humedad que tenía por la mañana era casi inexistente.

Esa noche pasé un poco de frío (estaba a unos 1700 metros, con viento y lluvia), pero el sitio era bueno y todo fue bien. A pesar del frío y de la posición del tarp tan cerrada, no condensó (yo creo que por el viento), por lo que a pesar de no dormir bien por la intranquilidad y de pasar un pelín de frío, puedo concluir que la noche la pasé bien … lo que he dicho antes … tuve suerte de encontrar ese lugar para plantarme.

Esa noche me prometí no apurar tanto los días, cosa que incumplí todos los días restantes … jeje.

La heridas no empeoraron y comenzaban a no pegarse a la malla.

Esta jornada no ha sido de mucho ánimo y he ido bajo de moral, más que por la inclemencia metereológica, por lo que suponía de retraso en los planes que me empeñaba en seguir.

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