Usar la bicicleta para ir al trabajo

En muchas ciudades ya viene siendo una realidad que muchos de sus ciudadanos utilicen este vehículo ecológico para trasladarse y, porqué no, ir al lugar de trabajo.

bicicletaenlaciudad.jpgEn la mayoría de las ocasiones existen impedimentos que nos hacen desechar la idea desde el comienzo. Generalmente no hay duchas y hay que llevar ropa de recambio, el jefe o compañeros lo verán raro (por no decir los amigos y familia), se emplea más tiempo, la meteorología, la velocidad de los restantes vehículos, lo cómodo que son los asientos de los coches …

Parece que todo está en contra y parece que la estructura de las ciudades está configurada para el rey de los vehículos, que no es sino nuestro transporte particular de cuatro ruedas y motor.

Sin embargo, en mucha gente ha despertado el interés (en Europa y parece que tímidamente en algunas zonas de España) por desplazarse en dos ruedas sin motor no sólo por ocio, sino también con el fin de dirigirse a lugares cercanos para hacer cualquier cosa: un recado, comprar pan y cosas así.

Parece que este incipiente interés por la bicicleta sea aún más complicado si lo que vamos es al trabajo, por los motivos que antes expuse. Pero al igual que la bicicleta ha tenido y tiene un aspecto lúdico y deportivo, ahora vislumbramos un creciente interés como medio de transporte. Quizá con el tiempo, y un poco asustados por la contaminación y el agujero en nuestros bolsillos derivado del aumento de los precios de los combustible, empecemos a ver normal que algunos vayan al trabajo en bicicleta, como viene siendo habitual en muchas ciudades del entorno europeo.

Es difícil que la conciencia ecológica y el ver las cosas con más detenimiento y sin prisas, allane totalmente el terreno y haga más factible el trasladarse al trabajo en una bici, pero ya veo casos que me hacen guardar esperanza.

Cerca de casa, cuando voy en bici me cruzo con un ciudadano que recorre unos 10 kilómetros en subida para ir al trabajo, ascendiendo un total de más de 400 metros de desnivel. En ocasiones lo veo los sábados por la mañana, temprano, con sus alforjas pequeñas. Al preguntarle un día si hacía rutas de fin de semana, me explico que simplemente acudía al trabajo… me chocó bastante porque es lo que menos me esperaba de alguien subido en una bicicleta con alforjas en fin de semana. Desde entonces recuerdo a menudo a este señor y creo que es un buen ejemplo a seguir.

Como en tantas cosas, sólo el tiempo dirá si vamos dejando el coche para ciertos desplazamientos y nos trasladamos de otras formas más, más … se me ocurren muchos calificativos: sanas, ecológicas, tranquilas, amables, silenciosas…

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