8 claves para viajar en bicicleta sólo y por lugares apartados con seguridad. Breve guía.

 

Aproximadamente, son un 10% los viajeros que van solos con sus bicicletas por terrenos en los que las posibilidades de encontrarse con otras personas son escasas. Algunos de ellos no tienen con quien compartir sus rutas, y no por ello abandonan sus salidas y viajes. Otros sí que tienen compañeros, pero no son compatibles con su forma de viajar, ya sea por dormir cómodos o en el suelo, por el tiempo de que disponen, el ritmo… Y hay un tercer grupo de viajeros a los que, tengan o no tengan compañeros de salidas, lo que más le gusta es viajar a solos, montar en bicicleta por lugares bellos y despoblados sin compartir sus vivencias con acompañantes. Este último tipo de viajante que disfruta de las rutas en soledad suele ser un ciclista experimentado que guarda más o menos la prudencia que las circunstancias requieren; aunque siempre caben los descuidos y la excesiva confianza, y no ha de olvidarse que normalmente estarán en desventaja en caso de algún incidente no deseado.

Esto no pretende ser un manual de supervivencia en la montaña para estos tipos de viajeros, ni una ayuda para llevar encima y consultar cuando surja el problema. Aunque se tratarán algunos de estos temas, meramente se intenta informar sobre la realidad de los inconvenientes y riesgos de zonas apartadas, así como sobre las maneras de sobrellevar los incidentes que potencialmente puedan darse en una ruta o viaje por terrenos poco transitados, desde el punto de vista de la preparación físico-mental previa. También informar sobre la necesidad de dar un paso adelante para conseguir vencer esa barrera psicológica que a veces nos impide hacer salidas largas y viajes por terrenos solitarios en los que la aventura estará garantizada. Se abordarán formas de ganar confianza en uno mismo, para vencer los miedos iniciales y las posibles adversidades. Finalmente se tratará la importancia de la fortaleza y resistencia mental ante la adversidad, así como el conocimiento de las propias capacidades y límites físico-mentales, todo ello en relación con la toma de buenas decisiones.

La materia se enfocará hacia el ciclista no iniciado en el mundo del viaje solitario por zonas despobladas, teniendo presente las posibles inquietudes e impedimentos mentales. Se trata de animar a las personas que no se deciden a dar el paso, o si lo han dado, necesitan un empujón.

Veremos cómo alejar los miedos que tenemos por desconocimiento. Cuando conocemos algo nos sentimos más seguros, y esa seguridad se traduce en realizar acciones que parecían imposibles, y en tomar decisiones acertadas en caso de un posible incidente. Si bien se deben tener en cuenta la preparación previa y conocer las circunstancias de la ruta específica – no es lo mismo una zona de baja montaña que otra de media o alta montaña, la climatología, la estación del año, y en general la zona del planeta que se trate – también ha de atenderse la preparación mental del viaje para no sufrir miedos indeseados.

Aunque estas palabras están enfocadas a salidas y viajes en bicicleta, la mayoría de los contenidos servirán también para practicantes del senderismo y en general amantes de los caminos y viajes a pie.

1. IR SÓLO

– ¿Y vas sólo por ahí durante días?

– Sí.

– ¿No te da miedo?

– No.

– ¿Y dónde duermes?

– Echado en el campo.

– ¿Y si te pasa algo?

Al llegar esta pregunta es cuando quizá toca cambiar de conversación, o si se tiene paciencia, comenzar a explicar unos razonamientos que no todos están preparados para asimilar.

Lo primero que la mayoría de los ciclistas mentalmente sanos desea es no ir sólos; son pocos los que viajan con sus bicis sin compañeros por lugares perdidos. Salir de la zona de confort no suele ser la opción de los viajantes, pero en ocasiones se convierte en la elección tomada, bien por no disponer de compañeros, o porque estos no encajan en la misma forma de viajar que se tenga, o en tercer lugar porque deciden ir sin compañía sin más, así lo quieren y así les gusta. No podemos disuadir a estos aventureros de rutear en solitario, pero sí aconsejar que sigan unas cuantas pautas de seguridad. Estos viajeros deben tener conocimientos y experiencia, que se traduce en preparación mental.

Y aparte de conocimientos y prudencia, es la experiencia la que finalmente origina la sabiduría y la seguridad que una persona tiene en sí misma para acometer rutas en soledad.

Cuando rodamos con una bicicleta por lugares solitarios debemos ser simples. Si nos llevamos media casa en la mochila o en las alforjas perdemos confianza. Es bueno cargar lo suficiente para sentirse seguro, pero lo suficiente debe ser lo estrictamente necesario para solventar situaciones adversas; porque si llevar poco da inseguridad, llevar mucho es signo de que ya tenemos dentro esa inseguridad. Por tanto, llevaremos lo justo que nos haga seguros en circunstancias difíciles, y no aquello que nos haga sentir cómodos. Esto no quita que no podamos llevar un libro de lectura o lo que más apetezca a cada uno, pero si pensamos en la seguridad no debemos cargar las alforjas o la mochila con demasiados elementos para estos fines, por que nos podría restar confianza, y además, en muchas circunstancias lo que realmente nos libera de la situación no es el material que llevemos, sino las buenas decisiones que se tomen.

Esto enlaza con la autosuficiencia. Llevar mucho es igual que llevar poco y tener imaginación. Así, por ejemplo, una prenda versátil como una manta isotérmica, cabe en un bolsillo, pesa alrededor de 60 gramos y puede ser de una utilidad enorme. Posiblemente llevemos este material en decenas de viajes y nunca lo utilicemos, pero llegado el momento nos puede salvar de pasar un mal rato. Igual nos ha mantenido calientes o fríos, o nos ha impedido mojarnos, o hemos conseguido agua del rocío o la lluvia, o hemos hecho señales lumínicas para rescate, o hemos dejado rastros … lo que la imaginación alcance para cada circunstancia. Es un simple ejemplo, pero en realidad la mente del solitario ha de estar abierta y debe saber adaptarse a la realidad del momento, y solventar la situación con los materiales que tiene a su disposición, ya sean portados o recogidos de propia la naturaleza.

Hay personas no iniciadas en este tipo de rutas que salen de su círculo de protección para encontrarse consigo mismas, o bien padecen estrés o algún problema, y quieren apartarse y meditar para buscar soluciones. Pueden querer sentir la soledad, conocerse más, conocer también las habilidades ocultas o simplemente vivir una aventura improvisada (y con grandes dosis de imprudencia). ¿Se han parado a pensar si están preparadas para adentrarse en territorios desconocidos? Este es el típico perfil de personas con posibilidades de sufrir percances. Para ellos también iría dirigida esta guía, pero sus perfiles impulsivos harán que no piensen en informarse de estas cuestiones.

Se han de tener siempre presente una serie de precauciones que se tratan en los capítulos siguientes; así podremos cumplir los deseos de viajar por parajes impresionantes, sin que viajar en soledad suponga más riesgo que la posibilidad de chocar en ciudad contra el camión que salta la mediana, de ser atropellado al cruzar la calle o sufrir un accidente cardiovascular mientras se duerme. Por eso, deberíamos preguntarnos si realmente es mucho más peligroso salir sólo con la bici por zonas alejadas, que otras actividades de la vida cotidiana cuyo riesgo no nos planteamos.

2. PLANIFICACIÓN

No explicaremos cómo planificar una ruta. Sí planteamos la necesidad de conocer la zona por la que transitaremos, los desniveles de subida que acumularemos por día, la climatología, la estación del año, la altura, los recursos disponibles en la zona, las poblaciones cercanas, la existencia de fuentes o arroyos, la cobertura móvil, etc.

Si se lleva gps, debemos estudiar en casa la ruta con las herramientas disponibles en internet, y si los desniveles son importantes, se aconseja imprimir los perfiles, para ir comprobando en cada momento lo que va quedando de ruta y cómo de exigente se vuelve. Deberemos saber como será el piso: la composición y estado del firme, si son carreteras, pistas, caminos, senderos o no hay senderos.

Una vez que conozcamos bien todo, nos plantearemos la ruta algo menos exigente que si no fuésemos sólos, o al menos que la exigencia que conlleve no provoque riesgos.

Cosas a llevar.

No vamos a hacer una lista de todas las cosas que hay que llevar a un viaje; eso ya lo dejamos al gusto de cada viajero. Los elementos que se anotan a continuación son solo las cosas que debemos llevar para ir tranquilos y seguros. Vamos a seguir la técnica del poco y necesario.

Habrá que distinguir distintas necesidades en función de la duración del viaje, clima, dureza y todos los factores que hemos mencionado, pero aquí expondremos los elementos que hay que llevar siempre cuando viajamos en solitario, los imprescindibles, cualquiera que sea la salida o viaje que se trate.

1. Prendas de abrigo

Seremos previsores en lugares donde suele hacer frío o bajan mucho las temperaturas nocturnas. De entre las prendas que se lleven, no hay que olvidar el chubasquero (los hay que no ocupan nada y pesan desde 30 gramos) y al menos una muda de ropa por si se moja la puesta. Las mudas irán siempre metidas en bolsas de plástico o alforjas impermeables.

Si vamos a dormir en ruta, se añadirá saco de dormir ligero (con temperatura de confort de al menos 5 grados menos que la que esperemos), esterilla aislante o colchoneta hinchable; funda de vivac y/o tarp, o tienda; algo de abrigo para pies y manos.

2. Elementos de seguridad y comunicación

Mini-botiquín (manta térmica de emergencia, betadine, tiritas, gasas, pastillas potabilizadoras, pinzas pequeñas, antiinflamatorio … aquí no pondremos límites, siempre que no abulte ni pese mucho).

Móvil y batería de repuesto o cargador solar o similar; gps (mejor de pilas que de batería) y pilas de repuesto; brújula pequeña (apenas 3 ó 4 gramos), silbato, Si no se lleva gps, hay que llevar mapa de la zona y altímetro (y saber cómo utilizarlos).

En zonas muy aisladas, se llevarán bengalas, teléfono satelital y espejo.

3. Herramientas y repuestos

Cordino o cuerda de escalada de 2 mm, gomas o gomillas, aguja gruesa, bridas de plástico, cinta americana, tronchacadenas ligero, llaves allen principales (y alguna especial, en su caso, como la torx), llave de radios ligera, inflador, desmontadores de cubiertas (si las cubiertas lo necesitan, probar antes), cámaras, parches, 3 ó 4 radios de repuesto, extractor ultraligero de piñones, navaja pequeña.

4. Alimentación e hidratación

En este apartado lo aconsejable es hablar con un médico nutricionista. No obstante, sí cabe decir que la comida no debe faltar, sobre todo en jornadas exigentes, y el agua mucho menos. Se llevarán alimentos que gusten y que sean bastante calóricos, con algo de azúcar y sobre todo hidratos de carbono complejos (pan, galletas, cereales). Si la ruta es de más de 1 ó 2 días, la alimentación ha de ser equilibrada.

La previsión de agua potable es lo más importante a la hora de salir con la bici. Aquí sí que no se ha de escatimar y se llevará siempre más de la necesaria. Ya dijimos que en el botiquín hay que llevar pastillas potabilizadoras – que no pesan ni ocupan casi nada – , y si vamos a transitar por lugares muy apartados en los que no sea fácil encontrar agua potable o ésta esté en muy malas condiciones, aparte de las pastillas, es conveniente llevar un filtro portátil de agua (los hay muy compactos y ligeros).

Mecánica

Aunque pecaríamos de generalistas, casi se podría decir que la persona que es capaz de desmontar todas las piezas de su bicicleta y reponerla a su estado inicial, sabe suficiente de mecánica para repararla en ruta.

Pero conviene saber solucionar las averías más frecuentes, y aún más importante, haberlo practicado. Cosas como cambiar cámaras, cubiertas, zapatas, cables, reparar pinchazos, cortar eslabones de cadena y empalmarlos, cambiar radios y piñonera, centrar una rueda … son actividades que han de haberse practicado con anterioridad. La de centrar la rueda puede parecer una actividad más complicada, pero al menos se ha de saber dejar la rueda “apañada” para que pueda seguir funcionando tras un choque.

3. PREPARACIÓN FÍSICA

¿Es precisa una buena preparación física para hacer rutas en solitario por lugares perdidos? Pues sí y no.

Ante todo, lo primero a tener en cuenta es el tipo de ruta que vamos a realizar, el terreno, los perfiles de subida, la climatología, la estación del año, la altura, los recursos disponibles y otras tantas cuestiones que nos llevan a un sola cuestión: debemos saber dónde nos vamos a meter.

Si ya conocemos todo esto, tendremos una idea aproximada de la preparación física necesaria; a mayor exigencia de la ruta, mejor condición física debemos tener.

En este libro no se programarán planes de entrenamiento, pero si conviene decir que en en caso de que la exigencia vaya a ser grande o no acorde con nuestro estado físico, será importante hacer entrenamiento previo que incluya salidas de al menos el 70 % de la dureza estimada para las jornadas del viaje. Una buena preparación física y un buen entrenamiento nos dará un plus de seguridad.

4. LA COMUNICACIÓN

Ya que el ciclista va a estar sin compañía ni asistencia, es más que importante que alguna persona sepa que se va y cuando volverá; y mejor si son dos o más personas. Se trataría de que estas personas adviertan de que algo va mal, y pueda comenzar así un dispositivo de búsqueda.

Estas personas deben conocer el itinerario que previamente se ha dibujado sobre mapa, o mejor, realizar un track y subirdo a alguna de las plataformas de internet como wikiloc, ride with gps o bikemap, en las que se puede llevar un seguimiento. Si no se confecciona el track, puede seguirse alguno de los que han subido otros bikers en esas plataformas, y que coincida fielmente con el recorrido que se pretende a realizar.

Lo importante será no desviarse del trayecto marcado. Si se hiciera, es preciso llamar con anterioridad y describir con la mayor exactitud posible el cambio que se hace. En este sentido, sería bueno que se hayan dejado previstos trayectos alternativos a la persona de contacto, que se activarían con el previo aviso del ciclista.

Otra medida muy útil y tranquilizadora es que el viajero telefonee al menos una vez al día e informar de las coordenadas geográficas de su ubicación, o al menos el punto kilométrico actual de la ruta. Si se hace noche, mejor llamar desde el lugar elegido para dormir, y comunicar desde ahí las coordenadas o punto kilométrico.

En caso de prever que no habrá cobertura telefónica, mejor será llamar antes de perderla, y si al terminar la jornada vuelve a haber señal, pues llamar otra vez y facilitar de nuevo la ubicación.

Hay veces en que no se ha podido telefonear por la falta de cobertura, falta de carga de la batería, rotura del teléfono o similares. En estos casos, y hasta una posterior comunicación, es importante hacer una marca en el camino (y no alejarse de él), al menos cada vez que nos paramos para descansar o dormir. Valdría un símbolo previamente pactado con las personas que siguen la ruta, como una figura geométrica con algo en medio, o mejor un palo o rama con las iniciales, día y hora, dispuesto en una posición determinada que marque la dirección. Vale cualquier señal, pero siempre es mejor que la persona de contacto sepa cuál sería la forma de la señal y cómo se realizaría.

Que no pasa nada … pues mejor, pero si no hay comunicación telefónica diaria, se aconseja ir marcando el terreno con señal conocida por el contacto, al menos una vez al día y por la noche. No cuesta nada y es una buena manera de cubrirse ante cualquier infortunio. Por supuesto que en estos casos de incomunicación no hay que cambiar de itinerrio bajo ningún concepto hasta que se restablezca la comunicación.

Ya se han mencionado los materiales imprescindibles para llevar a un viaje en solitario; ahora concretaremos los que atañen a la comunicación.

Teléfono móvil. Lo ideal es que tenga gps, porque aunque el de los móviles gastan mucha batería, en caso de quedar inservible el gps de exteriores (al romperse, acabarse las pilas, perderse, etc), no nos quedaríamos desorientados. Se aconseja batería de repuesto o cargador solar o de otro tipo que sea autosuficiente. Mucho mejor si se dispone de un teléfono satelital, que no depende de la cobertura, ya que se comunica directamente con los satélites. Este último tipo de teléfono es fundamental en lugares muy apartados.

Mapa y altímetro. Se llevarán siempre que no se lleve gps, y mejor si se llevan las tres cosas. La brújula se llevará siempre, porque las hay pequeñitas y básicas que no pesan apenas.

Walkie Talkie. Si se dispone de uno de los que requieren licencia, lo llevaremos. Si es de los que no la requieren, casi mejor no llevarlo por su escasa eficacia, salvo en terrenos muy abiertos y sin desniveles.

Siempre hay que llevar un silbato, que cabe el cualquier sitio y nos permitiría hacer sonidos de emergencia (la señal de socorro es hacer series de tres pitidos). Con apenas 4 gramos de peso y reducido volumen no hay motivo para no llevarlo. Saber silbar fuerte es una ventaja que aumenta nuestras posibilidades de comunicación.

En grandes extensiones deshabitadas es fundamental llevar teléfono satelital, bengalas y espejo para señales. A pesar de que por la legislación local puede estar prohibido, hacer señales de humo puede ser otro recurso en grandes recorridos con ausencia de poblaciones.

5. PREVENCIÓN EN RUTA

Durante el viaje estaremos entretenidos o distraídos por la exigencia de la ruta, la belleza del paisaje y otras tantas sensaciones que percibiremos con nuestros sentidos. A pesar de ello, sería conveniente que fuésemos previendo situaciones, y así poder actuar antes de que llegue un mal momento. Se trata es de ir observando y analizando las necesidades que vamos a ir teniendo.

Como debemos ir bien alimentados e hidratados, antes y durante la ruta debemos calcular nuestras necesidades hídricas y alimenticias, y sobre todo, saber cuánta agua nos queda; pensando los lugares donde puede que no se consiga, creando alternativas, observando si los sitios por los que pasamos son húmedos, pensar si es conveniente dar marcha atrás antes de llegar al punto de no retorno, calcular los kilómetros que restan y las progresiones estimadas … esto es, ir pensando en la forma de abastecernos en el futuro, aunque en ese momento se disponga de suficiente agua. En los puntos de abastecimiento no se han de perder oportunidades, y se debe beber hasta saciarse totalmente, o más.

Otra forma de prever es ir a ritmo, sin forzarlo, sobre todo en subidas y días calurosos; descansar en los momentos de más calor; y si es invierno o hace frío, terminar la jornada a baja altura, para por la mañana ascender y compensar el frío con el esfuerzo corporal.

También debemos revisar la mecánica en algún descanso y estar atentos a los ruidos y otros síntomas de la bicicleta antes de que se averíe.

Observar el tiempo. Debemos cubrirnos del sol, mirar las nubes, asegurarse de dormir en lugares donde no pueda azotar el viento.

Comprobar cada cierto tiempo que vamos orientados.

Pararse a pensar. Si la cosa no va bien, no ser obstinados sino sensatos. No arriesgar, y si es necesario, tener el coraje de abandonar a tiempo.

En resumen, nos quedaremos con dos ideas: la sensatez ante todo y prevenir es evitar. Con ambas ganaremos en seguridad y fortaleza.

6. MIEDOS

Entre nuestros sentimientos se encuentra el miedo. Éste puede llegar a resultar negativo para nosotros, pero en realidad suele ser colaborador de nuestra supervivencia, porque con el miedo nos activamos ante el peligro. Cuando sentimos miedo, lo interpretamos en la zona del cerebro rectora de las emociones, que se encarga de elegir entre luchar, esconderse o huir, y ello por un fuerte instinto de conservación. En caso de que el cerebro advierta la presencia de peligro, se pondrá en marcha la amígdala, que provocará el miedo.

Ya con miedo, podemos sufrir subida de tensión, del metabolismo, del azúcar, de la adrenalina, tensión en los músculos, dilatación de pupilas y hasta pueden llegar a detenerse ciertas funciones no esenciales; y todo ello es debido al gran mecanismo que tenemos para la supervivencia.

Por tanto, el miedo es algo bueno. Ya dependiendo de las circunstancias y la persona en concreto, podríamos pasar a la siguiente fase y entrar en pánico, convirtiéndose la situación en peligrosa para nosotros, ya que se desconectarán partes de nuestro cerebro, incrementando el miedo (convirtiéndose en un círculo vicioso), y haciendo que no sepamos ni la cantidad de miedo que sentimos, perdiendo incluso en ocasiones el control de nosotros mismos.

Como ya sabemos que el miedo es bueno – en principio – porque forma parte de un instinto que nos protege, lo que tenemos que hacer si lo padecemos es mantenerlo controlado. Y para ello, en primer lugar tenemos que conocer nuestros miedos.

¿A qué solemos tener miedo? En general se dice que se tiene miedo a los desconocido: pues conozcamos lo que debemos conocer. Será bueno saber a qué tenemos miedo, y más aún, qué miedo debemos evitar o al menos controlar. Cada persona tendrá un motivo: a viajar sólo en sí, a los animales y bichos, a las personas, a sufrir una avería, a que se haga oscuro, a los ruidos en la noche, a perderse, a sufrir una enfermedad repentina, a sufrir caídas, al frío o al calor, a no encontrar ayuda, a estar a solas con uno mismo, al propio miedo, etc.

Deberemos identificar cuáles son nuestros miedos, para posteriormente averiguar la razón de padecerlo, y después plantearnos de forma objetiva si el temor es o no fundado y qué consecuencias tendrá para nosotros. De esta forma, con el miedo identificado, pasaremos a la siguiente fase que trataremos en el siguiente capítulo: hacerlo latente, minorarlo, o incluso eliminarlo.

7. SOLUCIONES

Cuando conocemos cuáles son nuestros miedos, su origen, si es irracional o no y el perjuicio que nos puede ocasionar, podemos decir que tenemos bien identificado el problema; ahora toca poner soluciones al mismo.

Trabajando antes del viaje

1. Tener controlada la zona y la ruta. Hay que informarse, antes de salir, del tiempo que tendremos. Debemos estudiar las posibilidades de obtener agua y alimentación (frutas, frutos secos, etc) y si podemos prever un plan B o más alternativas. También hacer previsiones de dónde dormir, comer, refugiarse… Estudiar orientación y supervivencia complementará la preparación de la ruta y sobre todo nos dará mucha confianza y seguridad.

2. Mecánica de la bicicleta. Llevar la bicicleta bien revisada, limpia y engrasada, nos dará sensación de dominio y seguridad. Pero no es suficiente; al menos debemos de haber practicado con efectividad sustituciones y reparaciones de las averías más comunes.

3. En todos los grupos de materiales que llevemos (herramientas y repuestos, comunicación, seguridad, orientación, prendas de ropa y abrigo, alimentación e hidratación) tendremos que tener controlados los elementos que se llevan. Llevaremos sólo los materiales necesarios, y a ser posible ligeros, no lo que nos hacen sentir cómodos.

4. Trabajar la mente antes, para quitarse los miedos. Si bien hay técnicas para mejorar las respuestas que damos antes determinadas situaciones desfavorables, creemos que la mejor manera de llevar a cabo este punto es llevar a la realidad, mediante práctica, esas situaciones comprometidas, aunque en principio de forma controlada.

5. La experiencia da seguridad. Debemos hacer salidas controladas, pero autosuficientes, donde comprobaremos equipo y dominio mental en circunstancias de esfuerzo físico, tedio y desánimo.

Por ejemplo, podríamos trazar un circuito por montaña cercana a casa y salir con poca comida y agua. También cambiando alguna pieza de la bici en ruta o simular una avería; o salir un día lloviendo y mojarse, para luego buscar refugio o montar el tarp o la tienda, cambiarse y dormir, acostumbrándose también a los ruidos nocturnos. Si es necesario para coger confianza, las primeras veces puede planearse la ruta con forma de ocho, dejando el coche en la confluencia.

Si cumplimos estos cinco puntos tendremos mucho solucionado, y sólo nos quedaría tomar buenas decisiones durante el viaje.

Trabajando durante el viaje

Supongamos que hemos cumplido con los cinco puntos anteriores: conocemos la ruta, tenemos controlada la zona, también la mecánica, que el equipaje es el correcto, hemos trabajado la mente y hemos practicado previamente factores físicos, técnicos y mentales.

Llegados a este estado, viajaremos más seguros y tendremos muchas probabilidades de no sufrir percances, y así nuestra ruta será placentera y afianzará – e incluso reforzará – la imagen de seguridad que tengamos de nosotros mismos.

No obstante, nunca estamos libres de sufrir un percance; pero si llega, ahora gozaremos de mayores probabilidades de salir airosos. Al llegar el infortunio y encontrarnos en una situación de emergencia, contaremos con esa ventaja de haber trabajado previamente.

También nos puede ayudar mucho los siguientes consejos.

1. Si hay que avanzar con mucho cansancio o arrastramos problemas similares – heridas, enfermedad, irritación, etc – se hace preciso ir a ritmo, aunque sea despacio, y pensar en objetivos pequeños para ir cumpliéndolos paso a paso.

2. Si hace frío, tenemos que movernos, dar pedales o andar. Si llueve y nos mojamos, pues no pasa nada, nos secaremos tarde o temprano; y si además hace frío, nos moveremos y luego nos cambiaremos cuando haya dejado de llover o nos refugiemos. Aunque se pueda llegar a pasar mal, es muy probable que no sean situaciones peligrosas en sí mismas y tengan solución, aunque incómoda. Es cuestión de verlo de esta forma.

3. Cuando sufrimos incidentes, tenemos que pensar que en realidad no es una situación tan desastrosa, que siempre hay supuestos peores (podemos pensar en ese momento en concretas situaciones). Nos diremos pausadamente y en voz alta: no-pasa-nada y pensaremos en la satisfacción que nos producirá cuando haya pasado la situación y todo lo veamos de otra forma.

4. Cantar o silbar y sobre todo hablar sólo (en voz alta), son herramientas poderosas. Podemos animarnos en voz alta, y esto nos dará compañía, nos hará pensar y encontraremos soluciones más sensatas. Podemos reflexionar sobre qué haría otra persona en nuestro lugar: alguien inteligente y que no le teme a nada (incluso ver mentalmente a un personaje de ficción). Todo esto nos ayudará a mantener una actitud realista, pero con una visión positiva de la situación.

5. Pararse, relajarse y pensar. Aunque estemos en momentos críticos, tenemos que plantarnos a nosotros mismos, dar un zapatazo, respirar profundo, relajarnos, y entonces pensar con tranquilidad.

6. Plantearse pasar al plan B, y si no se tiene, a otras alternativas posibles. En paradas largas o por la noche, hay que aprovechar para analizar el momento y pensar otras opciones, aunque parezcan imposibles; a veces se ilumina la bombillita de la cabeza, pero para eso hay que intentar enroscarla bien.

7. Mantenerse atentos y observar señales del entorno. Así podremos obtener pistas acerca del camino verdadero, de dónde estamos, si habrá agua, encontrar un refugio, en qué dirección habrá gente, etc.

8. Cuando todo parezca perdido, sólo quedará el tesón, la voluntad y la lucha. Hay que querer salir de esa situación ante todo; ese pensamiento ha de estar siempre presente, pase lo que pase. Una situación de peligro en zonas apartadas es como una prueba de resistencia, en la que jamás debe fallar la voluntad. Voluntad de conseguirlo, de sobrevivir, esto es lo realmente importante. A fin de cuentas, todo se reducirá a una actitud psicológica vigorosa que nos haga enfrentarnos a la desesperación y a la angustia, al cansancio, al dolor, etc. En este sentido, cada persona es distinta, pero estas actitudes también se pueden mejorar a base de entrenamiento.

9. Aunque parezca obvio, no hay olvidar que aunque falte cobertura telefónica, podemos intentar llamar al número de emergencia, al que se accede a través de cualquier operador telefónico de la zona. Si ninguna compañía tiene cobertura, habrá que ir buscando otro método de pedir ayuda.

Finalmente, anotaremos para la reflexión dos palabras nemotécnicas utilizadas en supervivencia, que son muy válidas cuando llega el miedo y no queremos pasar a la fase de pánico: stop y plan.

¡STOP!

S – (sit down) Siéntate. Sentarse, relajarse y asumir la situación.

T – (think) Piensa. Analizar la situación y ver los medios de que disponemos.

O – (observe) Observa. Ver de qué materiales y medios disponemos.

P – (Plan) Planea. Elaborar el plan a seguir.

¡PLAN!

PProtegerse. Si no podemos llegar a un destino, buscar un refugio.

L – Localizar. Hacernos visibles mediante señales.

AAbastecerse. Agua y alimentos. Abrigo.

NNavegar. Si no llega el rescate o la cosa se pone mal, dejar el lugar y buscar.

8. MANUALES

Existe una multitud de manuales sobre mecánica y mantenimiento de la bicicleta, preparación de viajes en bici, etc; y basta moverse por librerías o internet para escoger entre las muchas opciones del mercado.

Pero sí que nos gustaría recomendar algunos manuales de supervivencia. Como decimos que el conocimiento y la experiencia son elementos básicos para sentirnos seguros y “echar miedos fuera”, creemos oportuno relacionar una serie de documentos que sin duda cumplirán estos fines si se leen o estudian detenidamente.

Manuales recomendados

Manual de enseñanza. Supervivencia – Fuerzas Armadas de España

Curso Básico De Montaña – Escuela de Montaña del Ejército.

Curso monográfico de supervivencia en nieve y hielo – Escuela de supervivencia de Madrid.

Técnicas básicas de supervivencia – Daniel Macedo.

Guía de supervivencia de la armada americana – John Boswell.

Manual de supervivencia (de las SAS) – John Wiseman.

Manual del aventurero de – Rüdiger Nehberg.

Plantas y frutos silvestres comestibles – César Lema Costas (Asociación nacional para la defensa, recuperación y estudio terapéutico de la raza asnal).

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