Salidas o entrenos nocturnos en bicicleta. Microaventura.

No es habitual encontarse ciclistas por la calle a las tres de la madrugada dando una vuelta por el paseo marítimo de la ciudad, o subiendo un puerto a oscuras y sin farolas. La gente suele hacerlo a plena luz y en el horario que más le conviene, pero siempre con claridad. Desde luego que hacerlo de noche por primera vez es todo una aventura y puede resultar un recuerdo que nunca se olvide … salvo que repitas y lo conviertas en algo habitual, por lo relajante que puede resultar, por lo bonito, por la soledad que se disfruta, o por las razones que muevan a cada uno a realizar esta actividad “oscura”.

 

Ni que decir tiene que hay que tomar ciertas precauciones para evitar un desagradable accidente. Entre ellas – ¿cómo no? – llevar catadioptricos y luces delanteras y traseras, preferiblemente homologadas, que provoquen ver y ser vistos con claridad. ¡Nada de productos de chinos! Hay que invertir un poco en estos complementos, ya que una vez adquiridos la durabilidad, fiabilidad y seguridad harán que haya merecido la pena invertir. Es necesario un buen foco delantero, bien orientado, que habremos de probar antes de la primera salida nocturna en una zona cerca de casa; mejor si tiene distintas posiciones y la posibilidad de ponerlo en intermitencia. El piloto trasero también es conveniente que tenga la posibilidad de funcionar intermitentemente, y es la opción que aconsejo, ya que, aunque legalmente es obligatorio que la luz trasera sea fija, creo que lo vehículos te verán mejor  si está en modo intermitente sabrán que se trata de una bicicleta.

La ropa también es fundamental. Aquí no cabe duda: de noche, ser visibles y reflectantes a través de cualquir modelo que destaque suficientemente en la oscuridad y refleje la luz de los vehículos. No están de más los catadióptricos que van en los radios y pedales (de hecho son obligatorios). A más visibilidad, menos accidentes.

Con esto y un poco de sentido común ya estamos listos para disfrutar de nuestras salidas nocturnas con un agradable paseo en la soledad de las calles, o una subida a un puerto para divisar desde arriba la ciudad iluminada. Si queremos un poco de deporte ¿porque no hacer algún entreno nocturno? Subir puertos en la noche, con la respiración subida pero a ritmo, parar, ver la ciudad, las estrellas, los ruidos de la noche … podemos incluso echar un saco de dormir en la mochila o portabultos y tumbarnos un rato a disfrutar; si surge, quizás cerrar los ojos unas horas para abrirlos con la primera claridad y disfrutar de un buen desayuno al mejor estilo de los colonos del Far West americano.

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