Transcantábrica. Etapa 2: Balouta – Refugio de Valdecuelebre.

Balouta en la primera subida de la jornada.
  • Etapa realizada el 14/8/2015.
  • Desde Balouta a refugio de Valdecuelebre.
  • Recorrido de 60,4 kilómetros.
  • 2322 metros acumulados de subida.
  • Altura máxima 1500 metros.
  • Subidas de entre el 15 % y el 30 % de desnivel:  1178 metros (1,94 % del total del día).
  • 1937 metros acumulados de bajada.
  • Altura mínima 746 metros.
  • 6 horas y 10 minutos en movimiento.
  • Dificultad de la ruta: 160 IBP.

 

Track de la etapa

Sin despertar en toda la noche, con la primera luz abro los ojos y llueve espesamente; era lo esperado. Comencé a preparar todo sin prisas, porque el bar no abriría hasta las 9 y en Balouta no hay otro. Además estoy atrapado, ya que como ando escaso de despensa y no hay donde comprar, no llegaría lejos sin repostar.

Termino de secar algunas cosas sobre la pantalla de la lamparita, toqueteo el gps, reviso todo y bajo para tomarme otro bocadillo de jamón como el de ayer (XXXL) con dos cafés solos. Ufff, de lujo.

Si ayer cuando bajaba el puerto “como un pajarito” de frío me replanteaba mi forma ultraligera de viajar – por los malos tragos que a veces paso -, ahora, degustando mi contundente desayuno, las cosas se veían de manera muy distinta. Mi cuerpo estaba fuerte y caliente, mi estómago satisfecho y mis ánimos por las nubes (a pesar de que llovía). Reflexiono sobre la distinta forma de ver las cosas en función de las circunstancias del momento, sobre el poder de la mente y la necesidad de tomar las decisiones en los momentos apropiados.

Era tan placentero saborear el desayuno que todos los pensamientos eran positivos. Comprendí que no debía de abandonar mi forma de viajar, sino perfeccionarla. Hasta ahora he ido muy ligero de equipaje optimizando todo pero teniendo en cuenta el precio, y ello por la concepción que tengo de no gastar cuando no es estrictamente necesario, por no consumir, por ecología, por no “ir a la última” (o ser pijo, como diría un ilustre y célebre forero de Rodadas) y, sobre todo, por simplicidad en una autosuficiencia en la que prima apañarse en ruta con lo que hay.

La verdad es que se puede optimizar mucho el espacio y el peso sin gastar demasiado, pero en ese desayuno creo que he tomado la decisión de apurar más. Simplemente cosas como una mejor cubierta para la lluvia, saco o dos prendas de abrigo en lugar de una con el mismo peso.

Probablemente soy el único que ha hecho transpirenaica y transcantábrica con un saco de verano de 12 euros y un tarp de imitación de rafia de 2,50 euros, o un viaje de siete días por el oeste andaluz por 37 euros (incluida comida y un viaje en barco de 10 €).

De esa forma y en ese momento tomé una determinación de futuro y  decidí abrir un poco el puño.

Estoy de suerte y milagrosamente no llueve. Detengo la reflexión y paso de comer latamente a  engullir. Cojo la bici y hala, caminito de la primera cuesta.

Balouta
Balouta en la primera subida de la jornada.

Salgo por pista estrechita, hace frío pero voy subiendo, y al poco comienza a llover algo. Subo el pico Miravalles y lo bajo con frío aunque ya sin lluvia hasta la antigua mina de la que me hablaron la tarde anterior; con el agua naturalmente embalsada no se apreciaba tanto el desaguisado.

Contento con la metereología – y a la vez resignado a no disfrutar de paisajes – , tomo un sendero en pendiente que discurre a través de un arroyo que me parece precioso, lo disfruto. Tras Sisterna, paro a comer y pierdo el tapón de una de las dos botellas de agua ( así llegaría la botella al final de la ruta).

Voy tan cómodo subiendo que me paso un desvío y tengo que fastidiarme y perder la altura que lentamente había alcanzado. Doy media vuelta e inicio un camino en el que se hace muy duro rodar: mucha pendiente, piedras, mojado … tomo algún que otro descanso, como unas almendrillas que me quedaban y zarzamora para reponerme y llegar entero a La Colladina.

La bajada transita por un sendero de helechos empapados por la lluvia, y con tanto roce se me vuelven a mojar las zapatillas.

Desde el camino se ve a los lejos El Rebollar y Degaña. Sólo comería si encontrara algún sitio rápido, y si no, sería ya en Cerredo.

transcantabrica helechos gpsPaso Degaña y en la subida oigo truenos (la previsión del tiempo anunciaba 90 % de lluvia después de las 12). Me asusto un poco y casi ruego para que la tormenta quede lejos.

Segundo día sin vistas.

Antes de llegar a Cerredo hay muestras claras de un incendio reciente de matorral – yo diría que de este mismo verano -.

Rastro del incendio camino deCerredo.

En Cerredo paro, como entre las columnas de un edificio. Hace mucho frío y comienza a llover. Compro comida y pilas, pero no consigo un chubasquero que necesitaba urgentemente, ya que el que llevaba tenía, entre otras cosas, una manga rajada y casi se caía (probablemente de cargar la mochila) … el apaño con cinta americana no iba a ser eterno, sobre todo con tanto cargar y descargar la mochila.

Lugar de comida en Cerredo.
Comida en Cerredo

Hay suerte de nuevo y deja de llover, pero se trunca y al iniciar camino, lamentablemente, la llanta toca el suelo … mal momento y malas ganas de arreglar un pinchazo. Un chico se ofrece a ayudarme  ilusionado, acepto aunque temeroso, porque sólo llevo una cámara de repuesto (no me dió tiempo a comprar otra por dejar todo para el último día) y dudaba de la pericia del chaval y de sus posibles pellizcos al sacar la cámara.

Su ayuda y las risas de sus amigas me acompañan. Me dirigen a una fuente donde nos lavamos, nos damos información de contacto y marcho. No pararon de reir y uno de ellos me recordó a mi hija en los gestos e intentos fracasados de dejar de reir.

Pedaleo hasta el puerto de Cerredo y desciendo por otro sendero de helechos, estrecho y empinado. Bajo, llaneo y sólo queda subir hasta un refugio donde pretendo dormir. Pero tras un llano salpicado de caballos pierdo el camino. Hay mucha mata dura, arbustos cerrados y no puedo pisar tierra. Para colmo empieza a llover un poco. Me impaciento porque debo de abrir camino durante mucho tiempo por pendiente con esa vegeteción espesa y espinosa que debía aplastar sin hacerme daño; cosa que no consigo y me pincho repetidamente, las ramas arañan los tobillos y piernas, sangro, se mojan las zapatillas – que estaban casi secas al ir sin calcetines ni plantillas, aparte del calor de los pies y del movimiento – . Y bueno, con perseverancia todo se consigue … al menos la lluvia era fina.

El camino mejora y subo un buen trecho con algo más de tranquilidad (por el terreno y la lluvia), y llaneando me topo con un grupo grande de jabalíes. Me asusté un poco por el número tan elevado de miembros y en prevención “fantasmeo entre la niebla”, haciendo ruidos que suenan muy agresivos.

Continúo subiendo con niebla ya espesa y finalmente vislumbro una construcción. Me desilusiono un poco porque no tiene techo y está casi destruida. Esperaba un refugio con techo pero mientras empezaba a consolarme con lo positivo de esos muros (contención de viento y apoyo del tarp), veo algo más a la derecha, difuminado por la niebla … el bendito refugio. Estaba tan cerca que el gps apenas apreciaba distancia y, para colmo, en los mapas del gps (tanto en el Topohispania como en el Topo España) sólo figuraba una construcción de las tres existentes.

Refugio de Valdecuebebre

El refugio estaba muy bien. Limpio, con altillo para dormir, chimenea, leña, periódicos, sarten, comida, cerillas, velas y hasta vino.

Utilizo una pequeña vela para secar de nuevo las zapatillas (a cambio dejo algo de comida en el refugio) mientras ceno en la penumbra pensando en la jornada siguiente. Llamo a Marta, confirmo mi ubicación, le pregunto por el tiempo y parece que mejorará.

Estufa de ropa.

Me sentí muy reconfortado en el refugio tras la extenuante subida y el temor de que lloviera mucho y no llegase al refugio.

Duermo placenteramente.

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