Transcantábrica. Etapa 3: Refugio de Valdecuelebre – El Coto de Somiedo.

  • Etapa realizada el 15/8/2015.
  • Desde Refugio de Valdecuelebre a El Coto.
  • Recorrido de 50,6 kilómetros.
  • 2272 metros acumulados de subida.
  • Altura máxima 1871 metros.
  • Subidas de entre el 15 % y el 30 % de desnivel: 4100 metros (8,09 % del total del día).
  • 2710 metros acumulados de bajada.
  • Altura mínima 682 metros.
  • 8 horas y 25 minutos en movimiento.
  • Dificultad de la ruta: 205 IBP.

 

Track de la etapa

Pasar de la cama de Balouta a la madera de un refugio no me ha supuesto inconveniente para descansar. Desayuno abundante pan con chocolate, como la noche anterior. Bajo del altillo y no llueve  mucho, aunque persiste por la altura. Hace frío y se nota la humedad que provoca la niebla. Me siento casi como en una casa rural y disfruto mi tiempo.
Mientras desciendo, intuyo que hoy será igual que los días anteriores; no podré disfrutar de una mañana alegre y paisajística (y van tres días).
Me equivoco de camino varias veces. La primera de ellas unos 300 metros muy empinados que bajé muy contento (y despistado) por lo bonito del lugar. Me costó retroceder, ya con desgana.
Paso Sonandes y subo a Genestroso. Saliendo de este último, me alcanza un señor con un tractor y me pregunta que adónde voy, que por ahí no voy a poder seguir con la bici. Y claro, por no explicar que voy a lo que salga (alguien diría como un camicace) le digo que bueno, que si hace falta pues andando y con calma … me giro más tarde y sigue mirándome (seguro que pensando lo mismo y que algunos humanos somos cabezotas de verdad), y yo me quito la prenda de abrigo y subo sin prestar atención.

Transito por unos cientos metros más sobre asfalto y casi sin darme cuenta me hallo inmerso en senderos cerrados en los que hay que andar, portear, detenerse, otear, investigar, probar … ¡madre mía! No hay sendero y el gps me manda por donde no puedo pasar. Aquí pasa algo. Analizo todo y al final me decido a abrir camino para, con un poco de suerte, encontrar el sendero original. La cosa no pinta bien, me acuerdo de las palabras del señor del tractor, y se me viene a la cabeza lo de siempre, que me estoy retrasando y que en esta jornada no podré cumplir el objetivo de recuperar kilómetros.

En algunos tramos hay barro y/o mucha pendiente … y con todo me perdí varias veces, y entre tanto, me veo hablando sólo, también con la vegetación (sobre todo con las zarzas y sus pinchos que ariscamente me abrazaban). Así, entre maldiciones y monólogos consigo llegar a un primer collado y después a otro.

¿Qué alivio? Pues no aún, porque la bajada hasta llegar a unas casetas de pastores fue por piedra, barro y senderos difíciles, bajando mucho de la bici y portándola. Subo de nuevo (creo que al collado Enfestiella) y paro a disfrutar del paisaje y sacar unas fotos, porque necesito descansar y relajarme, por la dureza de la etapa y para buscar en mi mente algo positivo, como que tras tres días de perros no estaba encontrando apenas barro (claro, porque todo era “pa’riba o pa’bajo” y el agua no se acumulaba).

No sé en qué momento del día me encontré un excremento verdoso enorme – y reciente -, no tanto por su longitud como por su grosor. Sin tener que pensar mucho, sólo se me vino a la cabeza un onmívoro que pudiera “plantar” aquéllo: un oso. En ese momento casi hago lo mismo que él y sin perder tiempo me fuí mirando para muchos sitios, haciendo menos ruido que de costumbre. No sabía si estos bichos pululan sueltos o en parques cerrados, pero con tanta valla que he saltado ya no estaba seguro de nada.

Bajando  a La Peral me caigo por segunda vez, testeo en el suelo sin moverme y todo bien. Ya en el pueblo, me ofrecen comer, pero declino y sigo bajando en dirección a la parte más baja del valle.

Brañas del camino.

En un cruce se reúnen unas personas con telescopios, supongo que para observar animales, porque con el nublado que teníamos no se verían muchas estrellas.
Subo y bajo por camino estrecho, pedregoso y poco ciclable, transitado por senderistas en la parte inicial, que desemboca en la pista que me llevaría hacia El Coto.

Al atravesar el pueblo, buscando ya lugar para dormir, veo un hórreo abandonado, pero desecho la idea de dormir debajo porque está medio derruido y no ofrece confianza.

Saliendo de la población, el gps me ordena atravesar una valla que parecía daba a parcela privada, y para colmo hay una familia del lugar rondando por allí. Disimulo un rato, la salto, paso la bici y me rompo los cuernos buscando el camino. Finalmente era por otro sitio y me maldije en alto por el tiempo tan precioso que había perdido mientras la luz se iba. Ya en frío uno se dice que son cosas de la tecnología, pero desde luego que en ese momento no comprendía nada.

Lo de saltar vallas de terrenos que parecen privados es muy habitual. No obstante, en realidad, aunque sean terrenos privados, en la gran mayoría de los casos (todos en la transcantábrica) existe el derecho de transitar.

Inicio el puerto que continuaría el día siguiente y a los pocos kilómetros encuentro una parcela para pastos que está abierta. No hay nadie a la vista y de inmediato me pongo a inspeccionarla y buscar un sitio apropiado, no sea que pase alguien y me vea (es fundamental ser discreto).

Tras la llamada de rigor vino el deleite del aseo, la cena, el descanso y la contemplación de las montañas y peñas que tenía enfrente. Ahora veía en la distancia, minimizados, los malos momentos que pasé unas horas antes en aquel sendero que me costó atravesar, y me río recordando los avisos del buen señor que me advertía y de mi tozudez de no querer escuchar y tomar una ruta alternativa.

No habiendo transitado nadie por allí en todo el rato, pasaría totalmente desapercibido, por lo que abandoné la contemplación y las reflexiones, monté el toldo bajo un avellano y me dispuse a restaurar cuerpo y mente.
Se oyen algunos animales pequeños, también una lechuza (creo) y el murmullo de una acequia o arroyo que tengo a unos metros.

Todo estaba bien. Ya relajado, duermo inmediatamente; no obstante, tuve una noche de pesadillas y no descansé lo deseado.

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