Transcantábrica. Etapa 5. Viadangos de Arbas – Villaverde de Cuerna.

  • Etapa realizada el 17/8/2015.
  • Desde Viadangos de Arbas a Villaverde de Cuerna.
  • Recorrido de 76,6 kilómetros.
  • 2922 metros acumulados de subida.
  • Altura máxima 1690 metros.
  • Subidas de entre el 15 % y el 30 % de desnivel: 3981 metros (5,2 % del total del día).
  •  2806 metros acumulados de bajada.
  • Altura mínima 632 metros.
  • 10 horas y 04 minutos en movimiento.
  • Dificultad de la ruta: 240 IBP.

 

Track de la etapa

Amanece nublado, otra vez. Desayuno muy poco porque tenía poca agua.

Recojo todo y en seguida llego en bajada a Viadangos de Arbas. Es temprano y hace fresquete como de costumbre. Salvo unos perros merodeando, no hay nadie y cojo agua de la única fuente que veo, que luego potabilizaré porque no me ofrece confianza.

Subo por buena pista, más tarde por sendero hasta el puerto y bajo, a veces andando a veces no. Sale un poco el sol – bendito sol – , casi no me lo creo despues de 5 días. En un buen sitio, viendo ya mi próximo destino, Buisdongo de Arbas, me regalo el segundo desayuno con agua segura.

El sol sale a veces pero de forma irregular … casi todo el día estaría nublado. En Buisdongo parece todo cerrado, pero casi al final del pueblo hay una panadería abierta. Paro, entro y el tendero se siente contrariado porque no ha llegado el panadero aún. Como el señor dice que es cuestión de diez minutos, disfruto del sol en la calle mientras me hago cargo de un delicioso pastel de hojaldre.

Llegó el reparto y continué por carretera hasta Pendilla de Arbas, donde tomé pista continua, buena y empinada.

Casi en la cumbre comienza a llover. Me coloco el chubasquero y me doy cuenta que las dos mangas están rajadas y también algunos enganches delanteros; por suerte la lluvia cesaría en la bajada.

Al poco y junto al camino, veo en el suelo una talla de oso y otra de ánsares (o algo así) sobre un árbol. Están muy bien hechos y parece que barnizados. Junto a tan bonitas esculturas, talladas en mitad de la nada, se hallaban dos caballos que se acercaban a mi bici y no paraban de oler la rueda trasera. Espero un poco y no dejan la rueda, ante lo que me levanto y los asusto … no vaya a ser que les dé por morder y arruinarme la ruta. Pero no se van y por mucho que les echo vuelven. Así que me quedo junto a la bicicleta y se acercan a mí. Jeje, en ese momento les vi la cara de hambre. Bueno, algo les dí.

Al rato, me encuentro caballos en la pista y, al contrario que los anteriores, estos comienzan el típico trote para alejarse. Como no podían salir por los laterales del camino, voy detrás de ellos durante mucho tiempo. Paro un poco y se detienen, acelero y aceleran … y no se quitan. Pienso en su dueño y me apena que se alejen.

Finalmente, acelero a tope por la izquierda y se van parando cuando llego a su altura, gracias a Dios.

Bajadas, subidas, más bajadas, más subidas, niebla y algo de lluvia … y llego a Casomera. Subo de nuevo y paso las bonitas foces del río Aller. Cuando atravesaba la zona más estrecha, oigo un fugaz y ruidoso zumbido junto a mi oído, como si se tratase de un avión supersónico. Me quedé pensando qué había pasado cuando de repente me ocurre lo mismo en el oído izquierdo. Aunque tampoco vi nada, esta vez noté que el ruido vino de delante hacia atrás. Paro la bici, miro hacia atrás y vi ya lejos algo pequeño durante menos de un segundo. Vale, no eran fantasmas por el esfuerzo y la deshidratación, sino un ave (un halcón o algo así) que no me quería por allí. Me quedé tranquilo sabiendo lo que pasaba y me acordé de la película de Hitchcock. No era para tanto, jeje, pero el susto me lo llevé.

transcantabrica etapa 5 viadangos de arbas - villaverde de la cuerna (12)

Tras las foces la pista era buena, con mucha pendiente como siempre. Al final de la subida, más niebla que mojaba de sólo pasar por ella con el típico chispeo. Llego al puerto y me encuentro un ciclista montado en un hierro, sin equipaje, sin mochila, sin agua. Su pedalear era tranquilo, como de paseo y no mostraba fatiga … mmmm ¡qué raro! – pensé -. Nos encontramos entre la niebla y apenas nos saludamos. Continúo un poco de llaneo y al poco me encuentro de frente con una furgoneta que se detiene. El piloto baja la ventanilla haciendo fricción con la palma de la mano en el cristal (esto lo he hecho hace mucho, qué tiempos) y sonriendo me pregunta como está el tiempo en Asturias (y es que el puerto separa Asturias de León), le explico sonriendo que bajando 200 ó 300 metros de desnivel la niebla se va y no estaba lloviendo (al menos cuando yo pasé). Vamos a despedirnos y me pregunta por su hermano, un ciclista con barba, y le indico que un poco más adelante lo encontrará. Ahora comprendía todo.

Como siempre que entraba en León, hacía frío, aunque claro, siempre entro en bajada. Bajo ya sin niebla por carretera buena, y a pesar de preferir la tierra, se agradece el descanso de vez en cuando.

Paso dos pueblecitos y vuelvo a subir. Son las ocho menos cuarto (como la estupenda canción de Pistones) y empiezo a buscar buen sitio, pues aunque el tiempo no amenaza lluvia de momento, el cielo estaba igual de cubierto que siempre. Por si no encuentro buen sitio para dormir, compruebo en el gps que a las ocho y media podría llegar a Villaverde de Cuerna, y si no encuentro sitio debajo o dentro de algo, continúo y ya buscaría sitio de emergencia antes de las nueve o nueve y cuarto.

Voy llegando al pueblo y en lo más alto se ve claramente una iglesia con porche … allí que voy. Paso por una explanada a modo de plaza de pueblo y me asombro de ver tanta gente jugando a una especie de bolos típicos en Asturias (perdón por mi ignorancia pero no sé el nombre) que ya vi en otros lugares del camino. Yo diría que estaba casi todo el pueblo allí, y además eran personas de todas las edades. Chillaban, reían, todos hablaban …. qué alegría daba y me quedé mirándolos mientras cogía agua de la fuente. Subo a la parte más alta del pueblo donde estaba la iglesia. Es un sitio perfecto: tiene porche, no hay nadie y si permanezco sentado no se me puede ver desde ningún sitio.

Llamo por teléfono, indico mi posición como siempre y ceno con las vistas de los tejados y la montaña de atrás, y de fondo las voces de la plaza que continúan sonando a pesar de que casi llega la noche.

Disfruto escuchando las voces y me recuerdan a cuando era pequeño, cuando en la ciudad todavía se jugaba en la calle y cuando nunca queríamos subir a casa a cenar.

Ya podía llover, tronar o lo que fuese, que mi sitio era estupendo (aunque la piedra del suelo muy dura, jeje). A pesar de la jornada tan dura me sentía bastante entero, fuerte, y con muchos ánimos.

2 Comentarios

  1. Qué bonita crónica. Me dieron muchas ganas de hacer la transcantábrica con un equipo ligero, aunque no sería capaz de usar material tan básico (pero me admira que lo hagas).

    Una pregunta (igual lo explicas en alguna parte). Cómo haces para acordarte de los detalles del viaje para la crónica? Lo recuerdas todo al final, o llevas algo para anotar cada noche? Y te iba a preguntar tb. si has echado de menos algo para leer…

    Un saludo y sigue así!

    • Hola Marcos, gracias por comentar y encantado de responderte. Perdona por el retraso pero es que estaba con la bici por Europa. A ver si tengo tiempo y escribo los detalles del viaje.

      Recuerdo de varias formas: a veces con una app del teléfono dicto con voz. Otras veces pongo un waypoint en el gps y le pongo un nombre para acordarme. Otra es hacer una fotografía y como la fecha y hora está sincronizada con el gps, luego en casa geolocalizo las fotos y comparo fechas y así puedo saber el punto exacto, la ciudad, dónde dormí, etc. En alguna ocasión que he llevado lápiz anotaba cosas por la noche antes de dormir.

      No he echado de menos nada de leer. La verdad es que mis jornadas son tan intensas que ni siquiera tendría tiempo.

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