Viaje Copenhague-París. Etapa 4: Hovslum Stationsby- Rensburg.

Deshago el camino para tomar el itinerario que marcaba el track (en realidad fue un rodeo), y paseo en una mañana muy agradable; el track va haciendo rodeos provocados para pasar por lugares bellos.

Sin darme cuenta paso por las afueras de Flensburgo, y me parece mentira estar ya en Alemania.

Tomo carriles de tierra y algún sendero para ver paisajes preciosos. La gente aprovechaba esos días de calor para bañarse en los lagos.

Llego a Rendsburg atardeciendo; estaba en fiestas, paseo por sus calle adoquinadas y me dirijo a cruzar el canal pero no encuentro puente por el que cruzar. Comienzo a preguntar pero resulta que nadie sahable be inglés. Parece raro, pero ni la gente joven me entendía ni sabía decirme nada que no fuese alemán. Finalmente un señor mayor me indica finalmente dónde había un túnel para pasar por debajo del canal.

Túnel que atraviesa el canal que pasa por Rendsburg

Atravieso el la vía de agua y al salir de la ciudad busco rápidamente sitio  pues el día se acababa. Encuentro un bosque no muy apropiado para tener intimidad, pero encuentro un lugar estratégico en el que una vez tumbado tras unos troncos nadie podría verme desde los carriles. Pero no me dio tiempo y al poco me ven ya con los bártulos sacados. Era un chico de unos treinta y tantos años, alto, fuerte, rapado y con ropa pseudomilitar. Iba con un perro y al pasar no paró de mirarme, aunque sin soltar palabra (allí no está bien vista pernoctar). Bueno, seguro que aquel individuo era de lo más normal, pero yo me puse en lo peor: me quedé pensando en su aspecto, en los neonazis y en que podría ir a reunir a unos amigos e ir a darle una paliza al vagabundo del bosque.

A pesar de no haberme quedado tranquilo, seguí acostado en el mismo lugar, vivaqueando en una noche con buena temperatura; eso sí, los árboles no paraban de crujir.

Empecé a ver relámpagos y escuchar más y más truenos que se acercaban. Ante la insistencia de la tormenta que se acercaba y que me hizo olvidar a aquel individuo calvo y alto, tomé la decisión de hacer mudanza. Anduve con la bici y la mochila a medio hacer hasta una choza que podría valerme para esa noche. Y lo valió, porque ya llegando a la choza comenzó a caer “de lo lindo”. Me organizo y duermo bajo una gran manta de agua.

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